jueves, 30 de diciembre de 2010

Platón, maestro de Nietzsche

Me ha costado y todavía me está costando, que aun no he conseguido lo que pretendo, pero al menos ya está disponible el audio de la charla del pasado lunes. La calidad no es mala teniendo en cuenta lo sofisticado de los medios tecnológicos usados para su grabación, aunque algunas voces fuera de plano exigen buenos altavoces o la intimidad de unos auriculares decentes. Con todo, se puede seguir bien la charla y dejarse transportar por el sabor añejo de la reminiscencia, de aquello que sabemos pero hemos olvidado que sabemos, que diría la Belen Esteban 2.0 esa que se ha sacado de la manga Krugius.

Más adelante, espero que mañana a lo más tardar, trataré de dejaros capturas de la pizarra y también una versión en video de la charla, más que nada para que la ojeeis y decidais si os gusta más de esa manera o de la otra. Si no os gusta veros y que os vean, no es necesario interponer demanda por vía criminal, vale con que lo digais y se retira. Incluso podeis retirarlo vosotros mismo. ¿Mi opinión al respecto? Aunque me muero de la vergüenza viendome, creo que, con el audio solo, se pierde una parte fundamental de lo que fué el debate, las sonrisas, las miradas, las gesticulaciones, los pataleos... Un sinfin de intangibles sin cuyo concurso daríamos una imagen de lo sucedido el pasado 27 más sesgada que la interpretación de los padres de la iglesia de la filosofía platónica. Y eso si que no...





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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Debate sobre la crisis


Saludos a tod@s, después de la sesión sobre Platón que tuvimos el pasado día 27 de Diciembre sorprendentemente la gente tiene ganas de más y se planteó adelantar el debate sobre la crisis al próximo domingo día 2 a las 17:00 en la sede de la Fundación Ruy López, y dicho y hecho, a pesar de las prisas os pongo el libro en el que había pensado para marzo por si alguien quiere hecharle un vistazo la descarga es gratuita La crisis de las hipotecas basura de Juan Torres López. Nos vemos.
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martes, 28 de diciembre de 2010

Coherencia

Me encanta la coherencia que a uno le asalta desde los medios de comunicación supuestamente "serios" y "profesionales" de vez en cuando.


El pasado lunes 20 de diciembre estaba hojeando el Diario de Navarra. En las páginas dedicadas a televisión, mientras en la columna de José Javier Esparza titulada "Lobotomía" cargaba contra Gran Hermano (página 77), justo en la de al lado (la 76), dedicaban dos tercios de la página a "Los secretos de 'GH'", un artículo de Yolanda Vega de la agencia Colpisa, dedicado a un libro que se ha escrito sobre ese programa de televisión.


El martes 21 de diciembre, entrevista en "La ventana" de la SER de Gemma Nierga a Macaco. Una de las primeras preguntas en una entrevista sobre su nuevo disco comenzó con un "Llevas vendiendo discos diez años...".


El canal de televisión CNN+ dice adiós por su inviabilidad. Tras la fusión de las cadenas Cuatro y Telecinco, PRISA TV renuncia a explotar el canal en el que se emitía, que a partir de ahora Telecinco dedicará al reality show Gran Hermano.


Mientras tanto resulta que Belén Esteban ya ha aparecido en la portada de El País Semanal.


Está visto que lo que importa es lo que importa, y lo demás son tonterías.


Coda no poética: Personalmente, puedo decir que sería fantástico que esta entrada fuese una inocentada. Lo triste del tema es que nada de esto lo es. En esta ocasión y salvo que la autoridad diga lo contrario, no va a ir ninguna foto o ilustración.
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martes, 21 de diciembre de 2010

Vamos al museo


Hola de nuevo, con-letrinos. Esta vez me apetece desvelar una de mis pasiones menos conocidas por vosotros, creo, y para más inri, poco vista en este espacio: la pintura. Para ello he elegido mi cuadro favorito. Se trata de : Rolla, de Henri Gervex.
Esta hermosa tela, que se puede disfrutar en el museo de Bellas Artes de Burdeos, presenta una joven desnuda, un hombre con el pecho al descubierto, y, en el suelo, sus vestidos amontonados. El joven Gervex provocó un escándalo de importancia, hasta el punto de que su obra fue retirada del Salón.
Está inspirado en el poema Rolla, de Alfred de Musset. El personaje masculino es un joven depravado y cínico que se suicida por falta de dinero. Antes de morir decide pasar la noche con Marion, hermosa cortesana de generoso corazón.
El momento escogido por el artista debería ser trágico, ya que eran los últimos momentos del joven. Sin embargo, para quien no conociera la historia escrita, el hombre dista mucho de pensar en el suicidio. Los gestos son los normales al levantarse: vestirse y echar una mirada al mundo antes de acudir a sus tareas, mientras su amante aún duerme. Por supuesto, se trataba de pintar un cuerpo de mujer que resumiera los cerca de ochocientos versos de Rolla. Espero que os guste.
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La conversación

Pues nada, para amenizar la tarde, un pequeño relato lo bastante estúpido y desinformado como para que me merezca la pena escribirlo. Que lo disfrutéis.



La conversación

La luz eléctrica se desplomaba mortecina sobre las paredes grises del angosto pasadizo y por un momento tuve la sensación de encontrarme en uno de aquellos edificios oficiales de mi juventud, uno de esos ministerios y consejerías que parecían querer imitar con sus laberínticos pasillos las asperezas propias de la burocracia. Un suave siseo, schhh, schhh, schhh, apenas perceptible entre el tumultuoso silencio, se elevó a través del cableado del piso y el sistema de rieles comenzó su marcha, transportándome con ritmo uniforme por la sala. La corredera sobre la que me desplazaba iba a morir a los pies de un agregado de muebles –algunas silletas, un mostrador y un biombo alto- situado al final del pasillo. El mecanismo me arrojó bruscamente contra una de las silletas y me recliné como pude procurando apoyar las muñecas esposadas sobre la mesa. El mobiliario tenía un diseño extraño, como sacado de un catálogo industrial futurista, pero no se le podía negar su comodidad, lo eficiente que resultaba en su cometido de albergar la anatomía humana. Esperé largo rato. No podía ver nada a través del biombo. Me sentía nervioso y añoré el efecto benévolo de la nicotina operando en mi organismo. Una voz inflexible, procedente del otro lado del biombo, me sustrajo de mis pensamientos.

-Iniciando proceso de intercambio de datos. Estableciendo conexión. Ajustando código de intercambio. Seleccionando ítems…

Guardé silencio. La voz continuó por un breve instante con su retahíla de tareas. Al fin se dirigió a mí:

-Por favor, introduzca para cada proceso los inputs óptimos que maximicen el rendimiento de los sistemas propuestos.

Quise preguntar de qué diablos me hablaba, pero desistí. Sabía que no serviría de nada. Continué escuchando pacientemente, con la estúpida esperanza de comprender algo de lo que se me decía:

- Interpelación primera: Si en un algoritmo de n vectores sectoriales se intersecan dos parámetros matriciales de rangos ortogonales ¿Cuántos conectores hilbertianos serán necesarios programar?

Miré a mí alrededor desconcertado, buscando algún asidero al que agarrarme, algo que pudiera resultarme familiar y me infundiera ánimos. La oscuridad del largo pasillo aumentó todavía más mi turbación. Al otro lado, el biombo se alzaba como una muralla implacable.

-Por favor, introduzca los inputs óptimos que maximicen el rendimiento del sistema propuesto- repitió la voz monocorde.

Sentí ganas de llorar.

-Por favor, introduzca los inputs óptimos que maximicen el rendimiento del sistema propuesto – martilleó de nuevo.

-Mil trescientos veintiocho- respondí al azar, casi sin saber lo que decía.

-Gracias. Interpelación segunda: En sistemas monofásicos de retroalimentación bipolar, ¿qué carga de almacenamiento en paralelo deberá soportar una arquitectura modular?

-¿Qué...? - No comprendía ni papas. No sabía qué idioma era ese que se servía de palabras comunes para componer oraciones completamente absurdas.

-Interpelación segunda: En sistemas monofásicos de retroalimentación bipolar, ¿qué carga de almacenamiento en paralelo deberá soportar una arquitectura modular?- Volvió a preguntar desapasionadamente.

-La que cabe en tres quintales de trigo dorados al sol de la ribera del Cáucaso- grité otra vez al azar. Seguía sin entender nada, pero cada vez me importaba menos. Lo único que quería es que todo acabara lo antes posible y me dejarán en paz.

-Gracias. Interpelación tercera: Si en los circuitos aplazados de una red analógica de rendijas integradas, un bucle recursivo bloquea el acceso a la memoria auxiliar ¿cómo resmasterizaría el conglomerado diamérico de la subsección cortocircuitada?

- Desplazándome velozmente por el corazón de las llanuras polvorientas, siempre que disponga de la gasolina suficiente, por supuesto- conseguí sollozar casi del tirón.

-Gracias. Interpelación cuarta: En una conversión de cadenas de caracteres String Tokenizer se implementan todas sus clases hasta conformar el acceso restringido a un paquete constructor de nodos circulares ¿dónde habrá de situarse la biblioteca de secciones críticas para un monitor reentrante?

- Entre el cielo y la tierra, donde existan más cosas de las que tu filosofía puede imaginar – respondí sin preocuparme demasiado del sentido de mis palabras.

Continuamos así durante días, semanas o siglos, no podría precisarlo. La voz mecánica siguió torturándome con millones de interpelaciones y sus correspondientes inputs para sistemas eficientes, mientras yo le hablaba, cada vez con mayor resignación, del fracaso matrimonial de Marilyn Monroe y Joe DiMaggio; de la espuma de humo que había probado hacía mucho tiempo, antes de que el triunfo de la revolución cibernética arrasara con todo, en la terraza de un restaurante de vanguardia; de la dramaturgia de O´Neal; de la cinematografía de Antonioni y de las improvisaciones minuciosamente calculadas de Anthony Braxton. La voz agradecía con metódica puntualidad después de cada respuesta y a mí no me cabía la menor duda de qué veredicto final emitiría:

- Sistema informático de deficiente capacidad computacional. Procediendo a su desactivación.

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lunes, 20 de diciembre de 2010

10 actores: Buster Keaton

Qué grande fue este genio del cine mudo, del cine cómico y del cine sin más, y qué pena que en su tiempo se viera siempre relegado a la sombra de ese otro genio y amigo que fue Chaplin. En fin, aprovecho para homenajearlo y ya de paso para avanzar en la serie. Incluso nos puede servir la entrada para retomar aquel viejo debate de si hay o no música en las películas mudas:


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sábado, 18 de diciembre de 2010

Por los picos de Europa

A principios de los años 90 y gracias a uno de los arrepíos que me dieron, empiezo a perder el interés por el ajedrez y me embarco en una serie de viajes que me llevan a conocer prácticamente los parques naturales y nacionales de este país. El viaje a Picos de Europa lo narraré en dos entradas, porque es bastante largo y aunque doy una versión muy reducida de ella, se hace demasiada larga (por lo menos para mi gusto).

Llegar a Potes nos hizo estar casi 12 horas de viaje por varios autobuses. Parando en León y después en Riaño. Al llegar a Potes, prácticamente era de noche y apenas si nos dió tiempo para preparar la tienda (mini) y acostarnos, pues estaba a punto de ponerse a llover.

A la mañana siguiente empezamos la ruta por la comarca de Liébana, perteneciente a la zona santanderina, hubo un tramo bastante largo de carretera, pero encontramos el camino de tierra que nos debería de llevar a la base de lamontaña de Peña Prieta, pero ni Diego ni yo teníamos la certeza de que ese era el camino exacto, por fortuna nos tropezamos con un pastor, el cual nos indicó una fuente para llenar nuestras cantimploras y después nos acercó a la zona de Mesafría, donde hay una cabaña y donde pasamos la noche. El pastor nos llevaba a toda velocidad por que el tiempo había cambiado otra vez y estaba lloviendo, nosotros con las mochilas hicimos lo que pudimos para no perderle el rastro; Diego empezó a sufrir calambres y llegó con más retraso y más remojado que este menda. Para entrar en calor, el viejo pastor encendió la chimenea, pero creo que no calculó bien las consecuencias, pues el tiro no era precisamente bueno, y la ventolera que hacía a esas alturas es tremendo, con lo que la consecuencia fue de que el humo se quedaba en la cabaña y si no nos axfisiamos fue por que salíamos de vez en cuando a tomar oxígeno fuera. Nuestro anfitrión se fue y acto seguido apagamos la fogata.

El siguiente día parecía mejor, el tiempo seguía cambiante, muchas nubes y aire, y nosotros que para evitarnos peso de más en la mochila, habíamos echado poca comida, la errónea base alimenticia eran frutos secos/chocolate. Os aseguro que no es lo mejor para ir de trekking por esas montañas cantábricas.

Pasamos un repecho muy duro, pero después llegamos a un altiplano que nos venía a decir que llegaba la hora de tomar una decisión: tomar el ascenso a Peña Prieta (2538 metros), ir en dirección a la zona Palentina y subir el Pico Curavacas (2520 metros) o ir hacia el oeste y ver la zona asturiana de estas montañas. Subir a las montañas con una tienda de campaña (aunque fuese pequeñita) y sin una alimentación acorde al esfuerzo que había que hacer, nos hizo rechazar los ascensos de forma inminente. Pero el camino de descenso no era ni mucho menos sencillo, la lluvia volvió, y la zona en la que nos metimos era con hierba muy alta y piedras de pizarra que con la humedad hacían el terreno muy resbaladizo. Íbamos muy lentos, en ciertos tramos debíamos de quitarnos las mochilas para seguir el descenso, la cosa se ponía seria y no veía nada claro que saliésemos de allí sin un accidente... Pero de repente nos dimos de narices con una cabaña abandonada, en muy mal estado, pero un refugio a fin de cuentas y llegó justo en el momento en que la noche se nos echaba encima. La noche fue más larga si cabe que el día, pues ésta tenía goteras por todos lados, así que pusimos nuestras capas de agua colgadas encima para no mojarnos. Al levantarnos teníamos una balsa de agua pendiendo sobre nuestras cabezas.

Sobre las 12.00 de la mañana paró de llover y pudimos seguir con el descenso, y, sin saber cómo, hasta encontramos una vereda que nos llevó a una aldea y desde allí a una carretera local y de allí por fin a la civilización en forma de bar de carretera, yo llegué antes que Diego, por que el hambre y el mayor creciente asco a los frutos secos me motivaba llegar para pedirme un plato caliente de lo que fuera. Pero claro, llegué sobre las 16.00h y a esa hora la cocina estaba cerrada. Así que se aunque se apiadaron de mí y me hicieron un bocadillo de no sé qué, lo único para lo que valió fue para quitarme el deseo unos minutillos... Pero no era lo que yo había imaginado.

Diego llegó como unos 20 minutos después y pidió la carta (ja), lógicamente yo esperaba la misma respuesta que me dieron a mi, pero no, a él le dieron una opción que conmigo se calló la muy ... (en fin, dejaremos a la chica en paz). Yo veía el plato y solo pensaba en por qué no lo compartía conmigo..., menudo compañero.
Tras la estupefacción inicial (sobre todo por mi parte), estuvimos hablando con unos lugareños y nos preguntó que por donde anduvimos y cómo demonios habíamos bajado por ese lugar que nadie usa desde hacía años y que por eso la cabaña estaba abandonada. Después de esa tarde pusimos dirección hacia Potes y conocer los Picos de Europa versión Asturiana, pero eso, otro día.
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viernes, 17 de diciembre de 2010

Las tareas del superhéroe

Ésta debería ser una entrada diferente; debería tener otra signicación, otro objetivo y otro sentido distintos de los que va a tener. El texto tendría que conformarse apenas con hacer las veces de telonero, o de apunte introductorio, para el artículo que me envió hace días David. Un artículo en el que al paso de la publicación en España por parte de Blackie Books del libro Los superhéroes y la filosofía, un tal Sergio Eguía –ni papas de quién sea el pavo este- manifiesta su asombro ante el hecho de que la industria editorial norteamericana haya elegido a los superhéroes de toda la vida, a los Superman, Batman, Spiderman, X-Men y compañía para que se empleen a fondo en la labor de cicerones y nos introduzcan en los arcanos milenarios de la madre de todas las ciencias. Desgraciadamente a mí ni me admira ni me interesa en especial el asunto, que por lo demás me parece en el fondo lo mismo que ya se viene practicando desde hace algún tiempo con el cine en lugar del cómic como señuelo. Y tampoco la circunstancia de que al género tebeístico por excelencia le hayan encontrado un uso distinto al de entretener a la chavalería, que de suyo solía ser el suyo, se me antoja algo necesariamente remarcable; en lo esencial no me parece mérito de los cómics sino más bien característica inevitable de la filosofía, que puede -y aun debe- establecer nexos de unión con cualquier aspecto o fenómeno de la realidad, ya sea en el plano que sea o al nivel en que lo encuentre.

Sin embargo he de reconocer que de los contenido que trata el artículo, o dicho con mayor exactitud, de los que dice el artículo que trata el libro, o, con más precisión todavía, de los que trata el libro para que así lo pueda decir el artículo, hay uno que sí que me mueve a reflexión. Porque, dentro del amplio espectro de temas a los que puede incitar a debate el universo de las licras ajustadas y las mallas de colorines, siempre me ha intrigado sobremanera -y me sigue intrigando todavía- el de la puerilidad, la estupidez y el sinsentido de la empresa a la que se consagra el superhéroe tradicional, esa especie de frenesí aventurero repleto de brincos y pendencias que casi siempre se resuelven a hostias limpias y que parece más digna de un acróbata de circo o de un luchador de Wrestling que de un ser que quiere presentarse como la encarnación del poder absoluto. Y ciertamente no se puede negar que esa fuera la intención primera de los superhéroes clásicos: la de satisfacer las fantasías de poder de sus lectores adolescentes, a los que, por lo que se ve, no se les pasaba por la mente otra forma de alcanzarlo y ejercerlo más que a través del dominio de una fuerza y unas habilidades físicas superlativas, de todo punto inhumanas. Pero ocurre que a nada que se lean unas cuantas aventuras de superhéroes no resulta difícil percatarse de inmediato que el supuesto poderío de estos portentos físicos deviene y se diluye con frecuencia en la más absoluta esterilidad.

-"Un gran poder conlleva una gran responsabilidad"-


Para plantear la cuestión empecemos aceptando que por encima de cualquier otra consideración el superhombre clásico hace suya la divisa arácnida de "un gran poder conlleva una gran responsabilidad" y que sintiéndose poderoso se concibe a sí mismo en la obligación de poner sus cualidades extremas al servicio del bien común. El problema radica en que el superhéroe clásico transita por un espacio conceptual de tal ingenuidad que le es materialmente imposible intuir siquiera qué ha de ser eso del bien común o de qué manera podrían servirle eficientemente sus destrezas. El resultado, por otra parte bastante predecible, es que invariablemente termina cayendo en el simplismo de identificar el bien mediante su oposición al mal, e igualar el mal con sus manifestaciones más gruesas y más groseras, o sea con la delincuencia común o, en el mejor de los casos, con el crimen organizado. Una oposición que paradójicamente rinde como principal saldo no la desaparición del crimen, sino su refinamiento y elevación hasta las cotas que inaugura el supervillano. Y no por casualidad, ya que la aparición de la figura del supercriminal es sin duda fruto maduro de la existencia del superhéroe, al que le une una relación de antagonismo dialéctico con el que conforma, en síntesis, una unidad inextricable. Así lo refleja lúcidamente Frank Miller en su Dark Knight: retirado el héroe, también sus némesis necesarias desaparecen de la palestra; regresado a la acción, retorna con él toda la galería de monstruosidades y deformaciones que aparentemente se le oponen, y en cuyas filas tal vez hubiéramos de contar al propio Señor de la Noche.

-Batman y Robin luchan denodadamente por hacer de éste un mundo mejor-


Ahora bien, aceptada también la incapacidad del superhéroe clásico para manejar con coherencia sus poderes, el destino que le aguarda pasa inevitablemente por su reconversión en herramienta de la política exterior del gobierno de turno; en arma intimidatoria con la que decantar el equilibrio de fuerzas entre estados. Tal es el uso que nos muestra, por cierto antes que Watchmen, Rick Veitch en su trilogía del superhéroe, principalmente en El Uno y en El Maximortal, donde el ser con superpoderes adopta, literalmente, el papel de bomba atómica. En este sentido puede resultar especialmente esclarecedor detenernos un momento a considerar los diferentes matices que Moore otorga en Watchmen a la función del héroe, bosquejados a partir de las actitudes y comportamientos de las tres figuras principales de su obra, es decir, de El Comediante, El Doctor Manhattan y Ozymandias. Así podemos comprobar que El Comediante vendría a representar la encarnación de ese héroe clásico que, en pugna con su impotencia para entender y resistir las fuerzas que rigen el sino de la vida de los hombres, decide no oponerse a ellas y acepta, aun con desprecio, el papel que le ha sido encomendado. No por casualidad es El Comediante el primero de los aventureros de Watchmen que se percata de la inutilidad de la tarea clásica del héroe y así lo manifiesta de forma expresa en la reunión de justicieros de los 60; como tampoco es casual el hecho de que sea, junto a Manhattan, el único al que se le permite continuar en activo, por supuesto trabajando en cubierto para el gobierno, una vez aprobada el Acta de Keane. Blake es el primero en comprender a carta cabal su condición de atrezzo en un drama que le desborda por completo; el primero que entiende el alcance y la profundidad del chiste que el superhéroe está condenado a escenificar y el primero en abandonar toda esperanza de redención para el colectivo, tragando sumisamente, en el fondo porque tampoco le queda más alternativa, con el mandato de reírle las gracias al sistema.

-El Comediante le ríe las gracias al sistema-

Frente a la figura desencanta y cínica de El Comediante, Moore contrapone el voluntarismo audaz e inconformista de Ozymandias. En este sentido Veidt mantiene una deuda inconmensurable con El Comediante, que como si de un guía espiritual se tratara, le abre los ojos y le revela la absoluta inutilidad de los juegos circenses en los que hasta el momento se han venido empleando, señalándole además el derrotero por el que a partir de entonces habrá de discurrir su labor. Pero a diferencia de El Comendiante, Ozymandias, que se autodenomina "el hombre más listo del mundo", sí se siente capaz de entender y manejar las dinámicas que se ocultan tras esas fuerzas misteriosas que dan forma al mundo. Veidt comprende que el verdadero poder se dirime en el campo de lo político y de lo económico y que quien pretenda poseer la fuerza necesaria para cambiar la realidad deberá adquirirla ineludiblemente en esos terrenos. Consecuentemente colgará para siempre el antifaz y hará pública su identidad civil, incluso antes de que el Acta de Keane le imponga ese deber, para afanarse desde entonces en la consolidación de un imperio económico transnacional que le asegure una verdadera influencia sobre la realidad. De esta manera Moore define y da forma, a través de la empresa que acomete Veidt, a una de la vías de las que dispone el superhéroe para transcender la insustancialidad y la impotencia de su tarea clásica; la misma misión de contenido netamente político que le otorgará al personaje de V en V de Vendetta. Una labor que ya no puede permitirse la distinción ingenua entre medios y fines, donde la línea divisoria entre héroes y villanos queda definitivamente desdibujada, dependiendo si acaso y en exclusiva del prisma ideológico que se utilice en su valoración. No olvidemos que V es presentado como El Villano y que Veidt, en su misión de salvar al mundo de los horrores de una confrontación abierta entre superpotencias no vacila en poner sobre el tablero en el que se dirime el conflicto los ensangrentados despojos de más de tres millones de cadáveres.


Pero aun siendo este cometido político una labor más eficiente y menos ingenua que la anterior, sigue sin ser realmente la que correspondería en rigor a la figura del superhéroe. Porque la acción política es ciertamente territorio de lo humano, pero no de lo sobrehumano. Y esa es la postura que materializa –o desmaterializa, según le venga en ganas- el Doctor Manhattan. Siendo en puridad el único dotado de superpoderes, Manhattan asume en principio la misma actitud que define a El Comediante, es decir acepta sin lucha el papel que para él le tiene reservado el gobierno de los EE.UU. Sin embargo sus razones son distintas a las de Blake: si la sumisión de aquel nacía de la impotencia, la de éste brota de la inercia y el desapego. En la práctica Manhattan es un hombre que por mediación de un lance accidental ha devenido súbitamente en una especie de dios –como suele ocurrir frecuentemente con los superhéroes tradicionales-, un dios al que, sin tiempo para asimilarlo, le cuesta entender las implicaciones de su nueva condición. Más absorto en comprender cuál debe ser su nueva relación con una realidad a la que puede modificar a su antojo hasta niveles subatómicos, Manhattan consentirá indiferente ante su utilización como arma intimidatoria definitiva por parte del aparato militar yanki, situación que se condensa magistralmente en el tebeo con el lema “Dios existe y es norteamericano”. Sin embargo y según se va entretejiendo a su alrededor la trama con la que Veidt pretende neutralizarlo, éste va adquiriendo conciencia de su naturaleza divina y de las distancias siderales que le separan de los asuntos más mundanos de los hombres. Por momentos puede entrever cual debe ser su misión, la misión verdadera del superhéroe, que nunca será la de plegarse a las necesidades de la realidad humana, sino la de plegar esa misma realidad humana a sus caprichos y antojos, la de hacerla, deshacerla, cambiarla y descambiarla a su gusto y a su imagen y semejanza. A esa conclusión parece llegar Manhattan al final de Watchmen, decidido al fin a abandonar la Tierra y a ocupar su tiempo en la creación de formas propias de vida que le sirvan de entretenimiento. Y esa es también la tarea que le encomiendan a sus superhombres los británicos Moore y Gaiman en los libros tercero y cuarto de Miracleman, la misma que les reserva Rafael Marín en su novela –sin grafismos- Mundo de Dioses, acaso las obras que mejor reflejan el hacer del superhéroe una vez librado a su propio destino: la de instaurar la dictadura de los seres superiores. Porque aunque les ha costado entenderse a sí mismos, la tarea de los superhéroes sólo puede comprenderse como el reflejo en el espejo de nuestro tiempo de aquellos dioses que poblaron el Olimpo griego, el panteón romano o el Asgard escandinavo. Vamos, me parece a mí.

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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Jugando con números


A veces los matemáticos no sólo viven en esos mundos que muchas veces no son sólo incomprensibles, sino también inaprensibles para el resto de los humanos, incluidos otros matemáticos. Otras veces salen de sus nebulosas, juegan con los números y descubren divertimentos en los que se puede apreciar hasta una cierta belleza. Por ejemplo, la siguiente serie:


1*8+1=9
12*8+2=98
123*8+3=987
1234*8+4=9876
12345*8+5=98765
123456*8+6=987654
1234567*8+7=9876543
12345678*8+8=98765432
123456789*8+9=987654321

Pachi Tapiz. Dedicado a Alan Moore.


Esta entrada pretende formar parte de la IX Edición delCarnaval de Matemáticas cuyo anfitrión, en esta ocasión, es el blog Rescoldos en la Trébede. 
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Los números, esos personajes

Hoy voy a volver a publicar una entrada relacionada con las matemáticas. Pero en esta ocasión no va a ser una historia o un experimento, como ha ocurrido en ocasiones anteriores, sino un comentario y la recomendación de un libro sobre matemáticas.

Lo primero de todo, pido tranquilidad. Números pares, impares e idiotas está publicado en la colección de libros infantiles y juveniles El barco de vapor. En concreto lo recomiendan para niños a partir de nueve años. Su autor es Juan José Millás, uno de mis escritores favoritos en español. En este libro cuenta con la colaboración de Forges, que es el autor de todas las ilustraciones.
El libro es una colección de trece cuentos que nos muestran a unos números muy particulares. Cada uno de ellos es un personaje que tiene un carácter muy marcado. Entre los protagonistas del libro hay números inconformistas, abusones, confiados, persimistas, comodones, curiosos o distintos... Todos los relatos tienen un trasfondo que invita a pensar, y en algún caso son un magnífico reflejo de la sociedad y de los comportamientos de los seres humanos. En ellos Millás demuestra una vez más su gran capacidad como narrador ácido de la realidad.

Sólo me queda recomendar el libro para los más pequeños de la casa, y también para los más mayores. A pesar de tener más de doscientas páginas, es una obra que se devora y se lee en un instante.

En el día de hoy no voy a dejar una cita cualquiera, sino algunas de mis frases favoritas del libro.

"Los humanos son humanos porque estudian para ser humanos. De hecho, llevan siglos estudiando el modo de ser humanos. Aun así, la mayoría de las veces no lo consiguen."

"Y para que no volviera a irse, lo nombraron el Rey del Sistema, y él aceptó, y desde entonces reina sin comprender por qué es preciso ser nada para serlo todo."

"-¿Qué es un matemático? -preguntaba el 8 pequeño.

- Un hombre que hace cosas feas con los números -le respondía su madre."

"Pese a ello, algunos impares de ideas más radicales salían por la noche con armas impares y hacían masacres de números unos con la idea de exterminarlos."

Juan José Millás. Números pares, impares e idiotas. Ilustrado por Forges.
Colección el Barco de Vapor. Ediciones SM.

Esta entrada pretende formar parte de la IX Edición del Carnaval de Matemáticas cuyo anfitrión, en esta ocasión, es el blog Rescoldos en la Trébede. Gracias a todos los blogs anfitriones, pero especialmente a Tito Eliatrón por poner en marcha esta iniciativa en su blog http://eliatron.blogspot.com/
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lunes, 13 de diciembre de 2010

Mis tebeos favoritos: En busca de Peter Pan, de Cosey

Como si de una vieja película del oeste se tratara, si hubiera que buscar una palabra que defina y nos dé la clave de lo que es y significa este En busca de Peter Pan, de Bernard Cosendai, Cosey para los amigos, yo apostaría por la frontera. Al igual que su Suiza natal, espacio que se erige en escenario privilegiado del tebeo, En busca de Peter Pan es un relato fronterizo que prueba a trazar y a delinear, pero también a emborronar y a confundir los límites que marcan, dan forma y distinguen conceptos tan contrapuestos como apariencia y verdad, realidad e imaginación, naturaleza y civilización o libertad y obligación. Cosey juega a transformarse en cartógrafo de un territorio propio que, como el Neverland de Barrie, se levanta en armas contra las restricciones que impone la realidad, que aspira a romper sus cadenas, pero que sin embargo pretende hacerlo sin negarla, complementándola y enriqueciéndola con los colores y los matices de la imaginación. No por casualidad En busca de Peter Pan tiene por protagonista - ese Melvin Z. Woodworth nacido Vlatko Z. Zmadjevic- a un escritor, o lo que es lo mismo, a alguien que se gana la vida inventando mentiras que a veces nos hablan de la realidad con intuición más certera que las mismas verdades. Y no nos olvidemos tampoco que, como descubrimos durante su aventura, las circunstancias que le permiten a Vlatko convertirse en Melvin y esquivar así el destino y la obligación de ser abogado nacen de una ficción, de una falsificación que sin embargo deja su impronta, su huella indeleble en la realidad. Porque las imposturas, al igual que las monedas falsas, pueden ser “más auténticas que las auténticas. De una aleación mejor que las del gobierno”.


Sin embargo ni los protagonistas ni el propio relato, como ya he apuntado antes, pretenden disolver definitivamente la realidad en un juego de apariencias y espejos contrapuestos, ni tratan de adentrase en esas zonas recónditas de la imaginación donde tal vez la realidad pueda volverse irreconocible y acaso también ingobernable; al contrario, ellos prefieren instalarse en ese espacio divisorio que les permite cruzar constantemente los límites entre ambos lados, entre esa margen que representa a la civilización (obligación, responsabilidad, cordura, ley y orden) y aquella otra que simboliza a la naturaleza (libertad, despreocupación, imaginación, vida salvaje y aventurera). Ellos eligen la ambigüedad de ese territorio intermedio, de esa tierra de nadie que más que indecisión es deseo de no renunciar a nada y que les permite alcanzar un mayor equilibrio tanto en su relación con el medio como con su propio yo interior. Porque esa es la lección que les legó el Peter Pan de Barrie, siempre omnipresente en el tebeo de Cosey: no la del niño que se negó a crecer, sino la del individuo libre que se opuso a la mutilación de ninguna parte esencial de su ser.


Por si a alguien se le ha abierto el apetito con mi reseña,
aquí podeis encontrar el tebeo.

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sábado, 11 de diciembre de 2010

Espérame, de Konstantín Simonov (traducción de Yana Atanesova)


Se lo pedimos y ella ha tenido a bien atender nuestra solicitud; la de compartir con nosotros su traducción libre del conmovedor poema de Kostantín Simonov, Espérame. Desde aquí sólo me resta agradecerle, agradecerte, Yana, la deferencia por hacernos partícipes de tu trabajo y felicitarte por el mismo. Una traducción que recoge toda la belleza que ya le suponíamos al poema, pero que además aporta matices nuevos que sin duda enriquecerá nuestra lectura y comprensión de los versos de Simonov.


Cпасибо.

Espérame, de Kostantín Simonov (traducción de Yana Atanesova)

Espérame y volveré,
pero espérame con todas tus fuerzas.
Cuando la golondrina el nido abandone,
cuando las lluvias torrenciales cesen,
cuando la esperanza de mis seres queridos
desaparezca y ya no me esperen,
cuando todos me den por muerto,
cuando de mi existencia se olviden
y el viento los recuerdos de antaño se los lleve.
Sigue esperándome,
nunca la esperanza pierdas,
pues si no me olvidas nunca
capaz seré de vencer a la muerte,
incluso al destino pienso vencer,
pienso romper a la muerte su ligadura
que a ella con fuerza me une
y hacia tí poder volver.

Aunque cese la llegada de cartas
de parajes desconocidos y lejanos
y el viejo buzón se cubra de telarañas
de tal manera que ya ni te pares a mirarlo,
aunque una lápida me dediquen
y al verla te recorra un dolor amargo,
aunque todos me traigan flores
y en silencio dejen ir el llanto,
tú prisa no te des
para sentarte junto con ellos a una mesa
y para despedirte de mí, ponerte a beber.

Aunque la nieve los caminos cubra,
aunque las flores de frío mueran,
aunque los osos a invernar se pongan
y las tempestades cambien de idea a cualquiera,
aunque todos la esperanza pierdan
no dejes de esperarme,
y por todos los santos del mundo
te prometo que algún día,
tal vez el que menos te esperes,
cuando ya ni sepas lo que es una sonrisa,
cuando de buena mañana despiertes
y la puerta bien temprano abras
para hacia el pozo ir,
a lo lejos, por un camino, me verás venir.

Será entonces cuando verás
que en vano no esperaste
y de tanto haberme podido esperar
haya sido capaz de regresar.

En vano no esperaste tantos años,
en vano no perdiste la esperanza,
en vano no dejaste de amarme,
en vano no te ha dolido el alma,
pues capaz he sido de volver.
Vencí a la muerte en el campo de batalla,
vencí al cruel destino y
vencí en la guerra con honor
y con más alegría aún
regreso hacia tu corazón.

Mientras que con fuerza te abrazo
mientras que con mis cicatrizadas manos
tu larguísima cabellera acaricio,
mientras siento aquel perfume olvidado
y escucho con los ojos cerrados
como dejas ir el llanto,
me alegro de que me hayas esperado,
pues no he vuelto porque sí,
tan solo he vuelto
para la promesa poder cumplir.

Las gracias te doy
mientras miro hermosa sonrisa
y mientras tanto el dolor
que tantos años me retenía
poco a poco se disipa.
Y observo que por el horizonte
los que por muerto me daban,
los que ya no me esperaban,
poco a poco aparecen
y las miradas de algunos
me abren heridas que escuecen,
Todos se acercan sorprendidos
y las esperanzas entre todos crecen.
Algunos no se creen lo que sus ojos les muestran,
otros, abrazos nos dan,
otros, una sonrisa me dedican
y se retiran a su hogar.
Pero a mí sólo tú me importas,
sólo tus palabras llegan a mi alma,
las palabras más hermosas
que me han dicho en estos años sin calma.
Y en silencio me acerco a tu oído
y te digo de corazón:
"Sólo tú fuiste capaz de esperarme,
y por eso he vuelto, mi amor".
¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

Del laberinto al 30

Esto que ahora cuento, anidado hace muchos años en el anecdotario ajedrecista de mi memoria, lleva kilómetros de huida sin escape hacia el papel, la tinta no fluye como debiera, y las sinapsis modelan atajos en mis recuerdos para encerrarlos enhebrando surcos dentro de un laberinto que se refugia interminable en el 30.

¿Será letrinas una salida qué a borbotones me permita plasmar esta historia?

Es la primera jornada del torneo, una ilusión tremenda, indescriptible la emoción por comenzar. Conoces o no al rival, es nuevo pero tienes referencias, es alguno de tus amigos para jorobar.
Por aquella época absorbíamos el ajedrez como los alvéolos de un fumador esperan desesperadamente que la última calada no sea la última, y que la sensación de plenitud ante el riesgo merezca la pena.

Allá íbamos en tropel a cualquier torneo que se nos presentara a tiro.

En el Liceo de Merida, una gran cita en una sala poco acogedora; el frío se refugia tras las ventanas, acechando miradas osadas que se aproximan al cristal. Una fila de mesas asociadas, cada una compartiendo un tablero en un lateral de la sala, aguardan ansiosas ante las inminentes batallas que se avecinan.

Configurado el inicio, este abejorreo que revolotea por todos sitios va enmudeciendo y cada cual se apodera de su guarida asignada, y al igual que un baile sorpresa descubrimos la pareja que nos acompañara en dos, tres o cuatro horas.

Me toca jugar de espaldas al salón, algo que detesto, y que añade inseguridad a mis sensaciones.
Un oponente desconocido ocupa mi horizonte, ninguna referencia, si acaso algún amigo se acerca y deposita en mi oído “sin problemas tú a este le ganas”.
Soy de no reflexionar demasiado en la apertura, a no ser que una Benoní atraviese mi corazón y me deje inmóvil, entonces todas las partidas jugadas en el pensamiento se desmoronan como naipes sacudidos por un vendaval inesperado, el rey abatido ante lo que le espera se diluye entre preguntas sin respuestas. Este no fue el caso.

No voy a detenerme en detalles de la partida, os aseguro que es lo de menos. Planteé mi acostumbrado e4, y lo que viniese; de hecho no he vuelto a reproducirla por no dar valor a una batalla que no existió.

Todo el que juega al ajedrez sabe que cada jugador tiene sus tics y manías unas más visibles que otras, algunas imperceptibles a los demás. Que si el caballo de rey mira 10 grados norte, que si el otro inclina 45 grados su visión, que si cruzo la pierna derecha, que si el bolígrafo que me da suerte, que si debo mirar el reloj cada cuatro minutos, que si la planilla tiene que tener un número determinado de dobleces, que si el cubata, que si el cigarro, que por favor la novia de tal no se presente, o que se presente; cada cual con su ritual, necesario para la concentración de uno mismo, y suficiente para distraer al rival. Los hay aparentemente normales, y solo se dedican a jugar.

Mi contrincante en esta partida no tiene nada de especial, el dirá lo mismo de mí, o no. Eso sí, acompaña cada pensamiento, cada instante de la partida, cada movimiento, cada pulsada de reloj, cada aliento frente al tablero, con un sonido inarticulado, repetitivo, un schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh constante, acomodando su mirada tras unas gafas cuyos reflectores aumentan sus ojos considerablemente.


Para mí era algo nuevo, en el silencio cercano que te comparte, que te implica con el enemigo, en ese silenciose apoderó schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, interminable, imperecedero, tortuoso, irrebatible, implacable,serpenteante, atronador, les aseguro que después de diez minutos, aquello aparecía como una experiencia insufrible, no deseable ni al peor de de mis amigos schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, y este soniquete imperceptible dos mesas mas allá había recorrido todos mis sentidos, cómo detenerlo schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, cómo compartir tal nimiedad con los demás, cada cual concentrado en su lucha.

Yo me alejo, realizo mi movimiento casi mecánicamente, y vuelvo a ocultarme tras otra partida. Eso te vale un rato, pero después de poco tiempo, no sirve nada schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, me alejo, desaparezco de la sala, sin embargo, mi cerebro que por iniciativa propia schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, calcándose en la melodía como puto manómetro.

Esto no me enloqueció, aunque había suficientes argumentos para ello.

Atraido como un marinero, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh a este canto de sirenas a media tarde en el desierto de mi partida, me arrancaba de la lejanía y de las excusas para encontrarme con el siguiente movimiento, y el dilema se cernía de nuevo, concentración pero en que, si el tío no calla, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh.

Embarrancado en la silla, sin señales de ayuda, de pronto, como aparecido, un fantasma, uno de mis compañeros de tropelías masculla un siseo de complicidad que hace duplicar mi sensaciones de impotencia.schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh
Eso fue un instante, después de la mirada necesaria, la complicidad añadió un punto de inflexión en esta historia.

No estaba solo, alguien ya fue víctima de esta noria zizaguente y sonora.

Supuso un alivio temporal, “EL NARVÁEZ” se saboreaba un hueso cual perro amarrado, emitiendo schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh como si cada siseo se recreara en cada instante que existía; yo libraba y libro partidas enmudecidas, robaba y robo silencios inventados estirándolos para vivirlos al ciento por ciento, jugaba y juego ciegas entre notas celestiales, y en estos mutismos, devoraba partidas ajenas.

Un nuevo hecho volatilizó mis ensueños, un amigo atravesó la sala, a mi altura detuvo sus pies y como mensajero express dejó un schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, y después vino otro , y después vino otro.

Este recuerdo que por instantes vivo, revivo, alargo en el tiempo, finaliza ya, pero antes la gran y última estrategia, que tras hora y media, atrapó todo mi yo en un único empeño para acallar o al menos aplacar tan enorme sufrimiento schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh; llevar al extremo una de las locuras jamás realizada por este que en letrinas devuelve lo oculto al mentidero, como un poseso siseé, y siseé, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, y siseé, buscando competir con mi rival más allá del tablero, y siseé, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, schhh, y siseé.
¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

viernes, 10 de diciembre de 2010

Mis partidos de fútbol favoritos: Barcelona-Goteborg (Semifinales Copa de Europa 85/86)

Ya sé que muchos de vosotros, o la mayoría, o todos sin excepción considerais que el fútbol es una actividad propia de bárbaros, suevos y vandalos que no tiene categoría suficiente para figurar en un blog de la excesiltud y la magnificencia del nuestro. Yo también lo creo, lo que no supone objeción alguna para que continúe dedicando espacio a mis partidos favoritos. En este caso no se trata de un partido sino de una eliminatoria completa. Y en verdad ni siquiera es de mis favoritas, es sólo que no la recordaba -me pilla muy en la frontera de mi toma de conciencia fútbolística- y me ha sorprendido mucho redescubrirla. Vaya, que me ha parecido épica en todos los aspectos.

Como muchos de vosotros, o la mayoría, o todos sin excepción sois bastante más viejos que yo y seguramente la recordéis sin problemas, creo que no será necesario que os ponga en antecedentes. Lo cual me ahorra la penosa obligación de contaros que estamos en 1986, que el Barcelona, entrenado por Terry Venables, se disputa una plaza para la final de la Copa de Europa de Sevilla frente al IFK Goteborg sueco (lo digo por si alguien no sabe donde está Goteborg). En la ida el equipo escandinavo pasa por encima del culé y le edonsa un 3-0 que parece definitivo:




Sin embargo en la vuelta un inspiradísimo Pichi "Pichichi" Alonso consigue el Hat-Trick necesario para llevar la eliminatoria a la prórroga y después a los penaltis:





Y en los penaltis, milagro antes de la final otra vez. Ejecutando en primer lugar, el IFK materializa sus tres primeros lanzamientos; el Barcelona responde con solvencia:





Hasta que la responsabilidad recae en las botas del "Lobo" Carrasco. Y entonces pasa lo que pasa:





Alucinante; con 4-2 al Goteborg le valía apenas con que el Barsa fallara alguno de sus penaltis, pero el Barsa mete los tres siguientes; el Barcelona necesitaba que el IFK no materializase ninguno de los que le restaban, y el IFK, tan obediente él, marra los dos siguientes. Y todo para que el Barsa pudiera lucirse a sus anchas en la tanda de penaltis de Sevilla. Desde luego que el fútbol no tiene categoría para figurar aquí. Pero bueno, esa ya es entrada de otro costal ...
¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

martes, 7 de diciembre de 2010

Música clásica... o no

Está visto que no es lo mismo ser melómano que megalómano. Igual que está visto que si algo tengo yo de esa dupla debe ser más de lo segundo que de lo primero. Porque si no cómo se explica mi soberana ignorancia de la pieza que pongo a vuestra consideración. A lo más que llego es a lo del título de la entrada, a saber, que pertenece al género o a la especie o a la subespecie o la categoría o la clase de la música clásica -creo yo- pero poco más. Por mí igual podría ser, me quedaría tan pancho, una pieza exageradamente conocida y popular que algo creado ex profeso para un producto audiovisual desconocido; lo mismo pertenecer a un compositor de renombre mundial y de una calidad exquisita que ser más mala que las melodías de la Game Boy. Eso sí, por lo menos tengo claro, y mucho, que a mí me parece preciosa, lo que es ya razón más que suficiente para compartirla con todos vosotros. Y excúseme explicar qué entiendo por preciosa o por razón o de dónde diablos la he sacado, que como os lo diga ya no la escucháis ni aunque os pague. Por supuesto, si alguien sabe su título (¿estas cosas tienen título?) o su compositor o su intérprete, que no deje de participarnos a los ignorantes musicales, más megalómanos que melómanos, sus hallazgos.


¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

La memoria histórica vs. la memoria individual

Al final va a resultar que aquellos que propugnan que no hay que darle importancia a eso que se llama "memoria histórica" van a tener razón. Más importante que hablar de algo genérico es hablar de lo concreto. De lo que ha ido quedando y de lo que queda de un periodo que no convendría olvidar, fundamentalmente para no volver a repetirlo. 


Eso es justo lo que sucede en El arte de volar (Edicions de Ponent). Cómic con guión de Antonio Altarriba y dibujos de Kim, y que hace unos días se convertía en el Premio Nacional de Cómic 2010.


Antonio Altarriba creó un guión a partir de un intento de memorias manuscritas de su padre, que se quitó la vida con noventa años, y que le servían para intentar superar la depresión de un perdedor. A lo largo de doscientas páginas conocemos su niñez en la localidad zaragozana de Peñaflor, su participación en la guerra civil en el bando perdedor, el exilio e intento de sobrevivir en Francia, la vuelta a España en pleno franquismo y finalmente el final de sus días. La historia es cruda como la misma realidad. Antonio Altarriba padre, al igual que otros personajes de la historia, se muestran como unas figuras en las que aparecen unas luces que en más de una ocasión son oscurecidas por sombras cuyo objetivo final es únicamente lograr la supervivencia.

El relato llega desde las entrañas. Aunque Antonio Altarriba hijo afirma ser uno con su padre y sus abuelos, uno puede llegar a imaginarse e incluso a sentir el dolor que todo el conocimiento que aparecen en El arte de volar produjo en ese proceso de metamorfosis y unificación.

Kim, autor del celebérrimo Martínez el Facha, resulta el compañero perfecto en este relato. Sus dibujos ambientan magníficamente los distintos escenarios en los que transcurre la historia. Para finalizar sólo añadir que El arte de volar es un argumentos má, irrebatible en este caso, que obligan a considerar al cómic como el noveno arte.

Como ejemplo os dejo una viñeta que aparece en la página 15:



¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

domingo, 5 de diciembre de 2010

Julia Fischer

Con el pelo recogido en una trenza, amarillo como el sol del mediodía, ceñido el cuerpo de lirio en un vestido rigurosamente negro, sin adornos, abrumadoramente sencillo, a juego con unos zapatos de tacón medio alto, con ribetes plateados, apenas visibles por la altura en que caía la falda, unos milímetros por encima de los tobillos, que se insinuaban al vaivén de cada movimiento de cadera, en tanto el brazo derecho azotaba luces y sombras al tiempo que flexionaba con el izquierdo la medida del tiempo y del espacio, cimbreándose en la expresión de su rostro que cambiaba de aterciopelada ternura a severidad inquebrantable, inclinado el cuello para escucharse mejor en sus pensamientos, de emociones floridos y de sentimientos encontrados, oropéndola y colibrí, meciéndose ora aquí ora más allá ora aquí de nuevo, en un fluir que no habría necesitado hacerse danza por ser pura nostalgia de la inmediatez, y los labios entreabiertos y los labios entreabiertos y los labios entreabiertos, también sabía guardar quietud en una pose natural de prestancia, con los ojos escarchados, porque en el reposo era el Norte y sus hielos, aguardando el fin de la réplica como sibila que anticipa el inevitable acontecer, y otra vez el Sur y el aire palpitante de vida, que hasta los muertos habrían pedido audiencia sin esperar la hora del Juicio, y la espalda bamboleándose, hacia atrás y más atrás aún, en una contorsión imposible pero incuestionable, que el reflujo de la marea al anuncio de su escote entre recatado y generoso recomponía, así, abrazada a su Guarneri del Gesù o tal vez a su Guadagnini –qué más da, como si fuera un Gagliano o un Stradivarius-, Julia Fischer tocó este viernes por la noche, en el Teatro Principal de Alicante, las tres sonatas para violín y piano de Robert Schumann; y como en una combinatoria de premoniciones memorables, tocó, primero, la tercera, segundo, la primera y, después del descanso, se anunciaba que, tercero, la segunda; y que en terminando el tiempo habitual del receso, recuperados los unos de haber sido mujeres místicas en el multiorgasmo espiritual y las otras, acaso sin misticismos de varón porque nunca los hubiera, de saltarse los preliminares, algo extraño sucedía que la artista no regresaba, y unos pocos, primero, y otras pocas, después, se barruntaban que acaso todo aquello había sido demasiado, que el precio de alcanzar el paroxismo había dejado insolvente a la musa, que la Naturaleza se habría vengado de ella por celos y el Destino por envidia, como si en adelante la ropa tendida jamás se fuera a secar; pero no, qué va, para nada; que se anunció por megafonía si había algún pianista en la sala, y que comprendí de sopetón que su acompañante habría sufrido un arrebato, una apoplejía, una epilepsia, o que le habría dado un telele por no poder tocar sino el piano; pero no, ni mucho menos, que tampoco, que el artista parecía haber aprendido, por lo visto, a vivir bajo el volcán o en los rigores del tsunami con el temple y la serenidad con la que los eunucos se enfrentan a la voluptuosidad o Job a los divinos designios, que muy otro era el contratiempo, pues el chaval que pasaba las páginas de la partitura del pianista se puso malo, sin duda por no haber aprendido a vivir bajo el volcán o en los rigores del tsunami, sin duda por haber sufrido una apoplejía o un arrebato o una epilepsia, sin duda por haberle dado un telele, sin duda por no poder tocar sino las páginas de una partitura; y que después de ciertos murmullos crecientes un héroe se alzó entre los concurrentes y se dirigió hacia los camerinos circunspecto, con los puños apretados, con el paso un pelo tambaleante, un pelo decidido, como Odiseo hacia las sirenas, el rostro brillante de sudor y torva la mirada; y que al cabo de nada apareció la musa, el pianista y el héroe, que fue recibido con una ovación cerrada, ¿pues cuántos no habían mordido el polvo, cuántos superado la prueba?, alentada por los golpecitos del arco sobre el violín de la musa, que hasta en el aplauso se mostraba embriagadora, y que después de los prolegómenos habituales, carraspeos y silencio expectante, ocurrió; y la sonata número 2, en re menor, emergió con unos rotundos ataques del arco sobre la cuerda que provocaron el delirio y los ojos arrasados en lágrimas, y, a cada paso de página, el héroe se levantaba vacilante en brete de desplome; y fue el caso que volvió a ocurrir lo inaudito, lo que ni un Heifetz, ni un Szeryng, ni un Perlman, ni un Menuhin, ni un Oistrakh, ni, en fin, los más grandes violinistas de todos los tiempos, juntos, habrían conseguido; que nos olvidáramos del héroe y de su ocasión; y, en ésas, apartándose el pelo que descubría una bella perla por pendiente, comenzó el segundo movimiento o tal vez el tercero, o el cuarto, no sé, pues de lo acontecido nadie puede ya dar testimonio; tan sólo, en la memoria, queda un silencio macizo que, prodigiosamente, se rompió por el eco de un bravo solemne; y fue entonces que la tierra tembló; como por primera vez.
















¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

sábado, 4 de diciembre de 2010

10 actrices: Katharine Hepburn

Reconozco que siempre he sido más de Audrey que de Katharine, efecto inoportuno, supongo, de alguno de esos inconvenientes menores que acarrea el ser un espectador modosito. Lo que no me ha impedido enamorarme en más de una ocasión de mi fiel Amanda, también conocida como pocholina, o de Tracy Samantha Lord, esa diosa de alabastro a la que humanizaba el ex-alcohólico anónimo de Grant, para desespero de Jimmy Stewart, o de aquella Terry Randall que se las tenía bien tiesas con la Rogers en Damas del teatro (pedazo película) o de la Susan, ese nervio con patas que traía de cabeza a medio mundo en La fiera de mi niña o, para qué mentir, de la Hepburn sin más. Sí señor, una mujer de los pies a la cabeza, de las que ya no se fabrican en Hollywood, con tanta barbie neumática, que sí, que mucho tetamen y culamen, pero de personalidad na de na.



¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

jueves, 2 de diciembre de 2010

¡CIUDADANOS LETRINOS!

Poned remedio a este escarnio público del cual soy servidor y leal adalid, en vuestras manos dejo el cadaver maloliente de nuestro venerado amigo que yace entre mis brazos cubierto por entero de lodo infecto. Dolorosamente de mis manos brotó la certera puñalada que ha sido nuestra bandera hasta estas amargas horas, y ahora... esa daga mortífera, una cruel venganza contra su mentor declara, con el cuerpo manchado del hombre que como rabiosos perros devastamos cubriéndolo de gloriosa mierda.

¡Ciudadanos letrinos! Hemos arrojado impertérritamente a un hombre a los leones para saciar nuestros apetitos intestinales... ¿Quién será el primero de vosotros que alce su voz para limpiar su noble nombre y su honorable cuna? ¿Quién será de vosotros el que grite la blanca inocencia de este mártir de la blanda deposición?...¿Quién, ciudadanos, será el primero que implore el mayor de los perdones para el mayor de los crímenes: "DETRITUS HOMINE"? ¡Digo que es hora de que lavemos nuestras culpas con la sangre emponzoñada de nuestro vil magnicidio! ¡Digo que es hora de levantar nuestros ajados corazones y elevar con justicia un estruendoso himno por este hombre consumado en la pérfida deyección! ¡Digo que es hora de que nuestras taimadas almas se purgen en el festín orgiástico de la excreción!

¡Ciudadanos letrinos! Sabed que este magnánimo ciudadano habría dado hasta la última gota de su seso por salvaguardar la verdad de cualquiera de nosotros. Sabed que este cuerpo herrumbroso fue un día la admiración de todos, todos acudimos a sus enaguas en las frías tardes de otoño, todos vivimos porque de él nació la inaudita valentía de llevar a sus espaldas toneladas ingentes de mierda en beneficio de la salvación de todos. ¡He aquí a un hombre que ha perecido masacrado por la impunidad de nuestras aviesas conciencias! ¡He aquí a la maquiavélica sombra que nos acompañará torturando nuestros aciagos días venideros! ¡He ahí al hombre sepultado en las sagradas montañas de excrementos macerados por la ignominia! ¡Salve Cayo Julio JL Emperador de Sodoma!



¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

El pacifismo es un humorismo (según la secta ovetense)

Bueno, en palabras suya, pero ideadas, cómo no, por su profeta, G.B. Como os voy a poner los videos (dos, para irritación de Paco) en los que se explican muy bien cuáles son los presupuestos y las conclusiones de esta peña con respecto a la guerra y a la paz, tampoco tiene sentido que me explaye yo demasiado en ello. Apenas me molestaré en listar el decálogo de puntos que me parecen esenciales para entender la cuestión y ya de paso en manifestar -es lo que estoy haciendo ahora mismo- mi desagrado por sus tesis y mi incapacidad para encontrarles fisuras significativas a partir de las cuales tratar de refutarlas.

El pacifismo es un humorismo:

1.- El Estado es el protagonista principal de la Historia

2.- Los Estados se hallan en una constante busqueda de equilibrio, ya sea interno (recursos materiales, espacio, organización, etc) ya sea en relación con los demás Estados (desequilibrios de fuerzas, espacio, recursos materiales), que les asegure su supervivencia en el tiempo en tanto que Estados.

3.- La guerra es una categoría política, en concreto un instrumento en manos de los Estados para la busqueda y consecución de ese equilibrio.

4.- En rigor sólo existe guerra cuando al menos una de las partes intervinientes es un Estado

5.- La guerra es el motor de la Historia

6.- La guerra no es fruto de la barbarie, sino que es hija y al mismo tiempo madre de la civilización.

7.- La guerra jamás podrá desaparecer más que temporalmente

8.- Sólo es posible la paz como resultado del nuevo equilibrio establecido por una guerra y en tanto en cuanto se mantenga ese equilibrio

9.- La paz no puede ser perpetua, pues la propia dinámica, tanto interna como externa, de los Estado tiende a romper ese equilibrio necesario para su supervivencia.

10.- La paz es siempre la paz (o el orden) de los vencedores. Pedir la paz en abstracto (¿cómo hicimos nosotros en Lisboa?) no tiene ningún sentido.

Estaría bien que los pacifistas del lugar, que sé que haberlos haylos, se animaran a buscarles las vueltas, más que a mi decálogo o a lo que yo creo entender que son las tesis buenistas, cosa que seguramente sea muy fácil de hacer, al ideario mismo de Gi-Bi con respecto a la cuestión planteada, ese que se trasluce en los videos.

Voy con ellos:



¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Historietas y moralidad

Mi memoria equivoca los años en los que sucedieron los hechos, era yo muy joven, tal vez 20 años, pero no estoy seguro de ello, eran esos años en los que Adolfo, Jesús y Joaquín estaban estudiando fuera y quedábamos pocos jugadores activos en el Club, o sea, estaban pero no jugaban... Así que convencí a Cruz de que volviese a jugar con nosotros; seguía Juan Carlos Lozano y también teníamos de relleno a algún jugador bueno, como Ricardo Suárez-Bárcenas, alguno de los malos también había (Eugenio Carreras), pero principalmente los que jugábamos siempre éramos Germán y yo. Juan Carlos estaba prácticamente obligado porque era el que llevaba el vehículo. La competición era de 10 equipos a doble vuelta, en total 18 partidas, se solía empezar en Octubre o Noviembre y acabábamos en Abril, pues se paraba la competición en Navidades, carnavales y alguna fiesta más.

Me lleva a escribir este relato el hecho de que con un equipo tan flojo acabásemos la 1ª vuelta en 2ª posición empatado con el 3º. La verdad es que tuvimos mucha fortuna en algunas partidas, y en otras sencillamente jugamos bien, aunque el mérito de Germán en el 1er tablero es incuestionable, sobre todo si tenemos en cuenta que nuestro entrenamiento (si se le puede llamar así) se basaba en jugar partidas rápidas de 5 minutos, hasta ver quien obtenía 10 victorias. Todo tiene sus ventajas e inconvenientes, una de ellas es que memorizábamos varias defensas que después se nos daban en las partidas, otra es la frescura en los apuros de tiempo; el defecto: la superficialidad de los análisis en las partidas.

Todavía me emociona recordar algunas victorias sobre equipos como el Círculo Pacense, Zafra, Cáceres y empates con equipazos como el Liceo de Mérida y el San Francisco, en el que contamos con el apoyo de Bárcenas, que venció en una partida larguísima a Juan Chacón, uno de los jóvenes talentos de Badajoz y que obtuvo ventaja en la apertura pero no consiguió rematar. Germán tuvo enfrente a Jesús Beltrán, uno de los mejores jugadores extremeños en esos años, sino el mejor, y la verdad que se metió en un fregado impresionante del que salió trasquilado. Juan Carlos (o tal vez fuera Cruz) me parece que hizo tablas con Aparicio, en cualquier caso fue un magnífico resultado. Y yo empaté con José Mª Beltrán, que aunque era peor que su hermano Jesús, si tenía un buen día te podía liar de muy malas maneras y obtener la victoria. Ese empate (Adolfo estaba aquel día de espectador) nos emocionó muchísimo y sobrestimamos nuestro juego, ya que en la 2ª vuelta completamente relajados perdimos todos los encuentros y descendimos de categoría.

Aunque he de decir que la última partida no la pude jugar (estaba de viaje) y el equipo de Don Benito (había dos de esa localidad y eran enemigos a muerte) después de vencernos 4-0 nos ofreció cambiar el resultado a un empate para que el otro equipo local descendiese. Bueno, creo que hubo ciertas discrepancias, algunos de los jóvenes, como el JL, alucinaban con que no aceptásemos esa oferta, otros decían que los resultados que se obtenían en el tablero no se cambiaban y que la culpa del descenso era sólo nuestra. Creo que se obró de la forma adecuada, bajamos pero no se nos podrá echar nunca en cara que manipulamos un resultado. Hoy en día a mí me avergüenzan los tejemanejes que se hacen en el ajedrez por equipos. No me gusta la actitud ni de unos ni de otros, tienen todos las manos manchadas de mierda, y desacredita al ajedrez como deporte el pactar empates cuando apenas se ha jugado unas pocas jugadas. Ocurre que se miran más otro tipo de beneficios económicos y deportivos que no los de la imagen de la deportividad y la ética. Menudo ejemplo se les da a los chicos de hoy en día. Ver para creer.
¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

Como no me copies te pego

Reservado todos los derechos a los lectores, que podrán copiar, manipular, alterar y hasta leer todos los textos de este blog. Eso sí, se agradecería que mencionaran de dónde diablos han sacado el juguetito.