martes, 7 de agosto de 2012

Música Clásica, 2ª Serie. (III) Händel




Cuando ayer me despedí señalando a Purcell como el más grande de las músicos de Gran Bretaña, habría sido tal vez necesario haber matizado que esa afirmación categórica excluye a Georg Friedrich Händel. “Tal vez” porque Händel nació y recibió su primera formación musical en la ciudad alemana de Halle, estudios que perfeccionó en Italia bajo los auspicios de Corelli y que completó gracias a su espíritu cosmopolita con los maestros franceses y españoles; y sin embargo “necesario” porque aunque sus influencias mayores fueran ésas, buena parte de la obra de Händel constituye la evolución natural de la música de Purcell, con quien, a no dudarlo, habría contraído en el transcurso de sus años en la pérfida Albión una deuda sin tasa. 

Händel consiguió el difícil compromiso de sintetizar lo mejor de las pujantes corrientes musicales de la Europa de esos años, extrajo de ello el secreto de su éxito y destiló un estilo que no sólo lograba complacer a nobles y mecenas, sino que conseguía entusiasmar al pueblo llano. Destacó en todos los géneros pero fue en el oratorio donde elevó su fama a cotas inalcanzables; allí encontró un campo abonado para repensar sus viejas creaciones y fusionarlas con recursos técnicos y estilísticos ilimitados. Con El Mesías se certifica el final de su producción operística italiana, como si el maestro hubiera querido decirnos que había encontrado en la nueva forma musical materia más rica para la expresión de su espíritu artístico. Tomaba las historias bíblicas de adaptaciones de obras teatrales inglesas y las musicaba a la manera en que hubiera procedido con el libreto de una ópera. 

Sin embargo, esta noche no escucharemos el fragmento de ninguno de sus oratorios sino que prestaremos atención a su faceta instrumental. Solía Händel tocar en los intermedios de sus oratorios piezas al órgano para mantener la atención del público. Disfrutaba mucho ejecutándolas, tal vez recordando con nostalgia a su maestro Zachow, que le enseñó la técnica del órgano y del clavicembalo, que llegó a dominar absolutamente. A este propósito la música de Händel fue muy admirada por Bach, que lo tenía por uno de los compositores más extraordinarios de todos los tiempos. Imaginamos su frustración por no haber conseguido, pese a su empeño, conocerle en persona. Ambos compartían, además, una singular manía: no indicaban en sus partituras las ornamentaciones, que confiaban a su consumada maestría para la improvisación (es la base del jazz). 

He escogido para esta noche una pieza muy conocida, la Suite para clave nº 4 en Re menor HWV 437, de cuyo tercer movimiento o zarabanda hizo Kubrick leitmotiv en su película Barry Lyndon. La zarabanda es en origen una danza de origen español, en concreto parece que la primera noticia que se tiene de esa designación procede del poeta Fernando Guzmán Mexía, en un poema escrito en Panamá. Más tarde recaló en España y de ahí se propagó al resto de Europa. 

Escucharemos primero sólo la zarabanda, en un arreglo orquestal que no resulta tan pastoso como en las ampulosas versiones victorianas a las que tan frecuentemente nos tienen acostumbrados; la interpretación corre a cuenta de la Orquesta de Solistas Barrocos dirigida por Ricardo González Marinov. Después escucharemos la versión original para tecla de la Suite en su conjunto, aunque en una transcripción para piano interpretada por Evgeni Koroliov. 

Buenas noches, and the trumpet shall sound!



2 comentarios:

  1. Vaya, por un momento pensé que te referías a Sting. Supongo que si Purcell es el más grande y Händel el segundo, al bueno de Sting no le queda más remedio que consolarse con tercer lugar, lo cual está muy bien, pero aquí el único inmortalizado por los siglos de los siglos y por la gracia de Moore, nuestro señor, al único de los tres al que se seguirá recordando dentro de 10 0 20 años será al cantante de Police en su encarnación de John Constantine:

    http://www.tebeosfera.com/fco_fotos/articulos/ART-F448-474-776-5.jpg

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  2. ¿Podrías enlazar al cómic completo para leerlo? Lo de Sting es muy sorprendente, aparte de músico universal ha participado en muchas otras formas artísticas; como actor es también bastante bueno, recuerdo ahora Dune y Lunes tormentoso. Dejémoslo en un triple empate.

    Adolfo

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Como no me copies te pego

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