viernes, 7 de noviembre de 2014

Los Galayos

El domingo por la tarde, mientras veía La 2, aparecieron entre mis recuerdos unas cumbres que había subido ya hace varios años, eran Los Galayos, y recuerdo perfectamente que fue mi primera ruta por Gredos, con Don Diego Frías, que en aquellos años todavía vivía en Badajoz.

El programa que emitían era el documental "Cumbres" de Edurne Pasaban, y que se suele llevar de invitado a una persona famosa, pero inexperta en esto de escalar montañas; en este caso se llevó al torero Miguel Abellán, que he de decir que a pesar de su profesión, me cayó bastante simpático.

Así que me asomé a mis recuerdos, y también reviví la experiencia un poco más cercana en el tiempo, de ir a Los Galayos, en los que fuímos Diego, Juan, su hermano Tony y este menda que os escribe. El tiempo estaba chunguísimo, Diego decía que él prefería quedarse en Badajoz estudiando, Tony también se estaba preparando unas oposiciones y esas horas le venían muy bien, Juan decía que ir para volver era una chorrada como un piano, y yo decía que me apostaba lo que fuera a que no llovía, ya que tenía información de que las lluvias caerían en la cara norte de Gredos, pero no en la sur donde íbamos a estar nosotros.

El caso es que finalmente decidimos salir, aceptando mi información meteorológica a regañadientes, y la cosa se puso difícil para mi, ya que durante el trayecto no paraba de llover, cuando nos acercábamos al Sistema central aquellas cumbres estaban llenas de nubes, pero al llegar a la Plataforma, hacía frío, pero no caía ni una gota de agua. En ese aparcamiento creo recordar que había un par de coches, o sea, que no éramos los únicos locos que se nos había ocurrido hacer esa ruta. Nos metimos pronto en el saco de dormir, para calentarnos un poco y durante la noche, no pararon de llegar coches, también alguno por la mañana temprano.

Zetas
Todas las rutas de la cara sur son durísimas, el desnivel a superar es muy brusco, y las sendas son estrechas y llenas de piedras, todo eso la hace muy difícil, cuando crees haber pasado lo peor, llegan las temibles zetas, una parte con muchas curvas para pasar la parte de desnivel mas duro del camino; ves el refugio Víctory desde kilómetros atrás, pero pareces no llegar nunca, hasta que finalmente, los compañeros que ya están allí te animan y haces el esfuerzo final para llegar.

Aquél refugio estaba lleno de montañeros, de gente que iba a escalar el Gran Galayo con sus cuerdas y archiperres de todo tipo ese día, y nosotros pues simplemente veíamos las cosas esas y pensábamos, pues que bien... Comimos, nos metimos en el refugio, y la verdad que lluvia poca, por no decir ninguna, eso si, nubes bajas a patadas. Seguía ganando la apuesta. Juan Tony y yo, dejamos la mochila allí y decidimos seguir subiendo al Pico La mira de 2343 msnm, Juan se puso a hacer fotos, Tony alimentaba a una hembra de cabra montés, y yo procuraba refugiarme del aire tan malo que hacía en fuertes rachas.

Vista desde La Mira
Volvimos al refugio, cenamos y nos metimos antes de las 9 de la noche en los sacos, ya que la temperatura no paraba de descender, el refugio tiene un doblado, que es donde subimos nosotros a dormir, para los 4 estaba de lujo, pero empezaron a subir madrileños y acabamos muy juntitos unos de otros, vamos, como sardinas en latas. Las noches en octubre son largas, más si te metes tan pronto en el saco, pero además si la gente te da la serenata con sus ronquidos... En fin, a mi me hizo gracia un comentario de uno de esos chicos madrileños.
  • Quién me iba a decir a mi, que iba a estar a las 9 de la noche un sábado acostado en vez de estar de fiesta.
A la mañana siguiente, decidimos bajar a la plataforma, y mientras tomábamos un café, veíamos algunos de los montañeros como si fuesen hormiguitas, escalando el Gran Galayo, una cumbre, que con sus peculiares agujas, uno no puede olvidar nunca, me gustó mucho ese viaje, y en este caso mi cabezonería, estuvo bien fundada, como reconocerían los compañeros, o no...



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