domingo, 31 de julio de 2011

Música Clásica (1): Bach y Tureck

Empezamos la serie de recomendaciones de música clásica que tan amablemente solicitasteis hace ya algún tiempo; disculpas por la tardanza, efecto de obstinadas incursiones por inescrutables berenjenales.
La recomendación de hoy es Rosalyn Tureck, interpretando a Bach. El mismísimo Glenn Gould le rendía tributo. Tureck es, sin duda, la intérprete mayor de Bach y una de las más grandes pianistas de todos los tiempos. En el primer vídeo que se publica la podéis escuchar tocando el preludio nº 2, en Do menor, del libro primero del Clave Bien Temperado, BWV 847. En el segundo vídeo interpreta la famosa Aria de las Variaciones Goldberg, con repetición, lo que hace más difícil sostener el tempo. Ambas grabaciones son de absoluta referencia y representan cumbres, a día de hoy, insuperadas.
Escuchándola se tiene la certeza de que Bach dice con ella su última palabra. Espero que os guste.
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By tobe7
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viernes, 29 de julio de 2011

Mis reacciones a la convocatoria de elecciones generales



http://www.abc.es/20110729/espana/abci-hace-falta-dice-aguirre-201107291226.html

No, señora Aguirre, lo que los españoles necesitan ya lo traen mis conciudadanos del movimiento 15-M ( http://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_de_indignados_15-M ), o sea que las elecciones generales:

Primero: me la traen floja

Segundo: no me la traerían floja si el candidato de Izquierda Unida fuese D. Pedro Escobar Muñoz. ¡Con dos huevos, Pedro!

Tercero: me niego a hablar más del tema

Y cuarto: ya estamos tardando en convocar movilizaciones salvajes para tumbar la reforma laboral y del sistema de pensiones. Para los que se han dejado engañar por la falsinoticia de hoy (Zapatero ha dicho que adelanta las elecciones para que no se debata más la fecha, pero lo que no dijo es que no se hablará mas de lo que sigue) , ya está en vigor el nuevo conjunto de leyes según el cual todos los que hayais nacido de 1962 en adelante os jubilareis (nos jubilaremos) con 67 años y con un sistema de cálculo que viene a significar que la mayoría quedará en situación precaria (si, más). O sea que ¡todos a la calle!. Pero que iluso eres, Antonio. Como no nos salven los "Perroflautas", nos la seguiremos tragando doblada ( y queda mucho por tragar, os lo aseguro). Saludos y encantado de leeros de nuevo.
¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

sábado, 23 de julio de 2011

Balada (triste) de trompeta

Y me pongo serio...

Como sea que no quiero seguir abochornando a nadie con lo que escribo aquí, pero en el fondo tampoco me da la gana de dejar de participar cuando me apetezca, a partir de ahora voy a hacer gala de moderación y, tirando por la calle de en medio, sólo dejaré entradas cuando tenga entre manos asuntos lo suficientemente serios y elevados como para no causar rubor a ningún letrino de gustos exquisitos. Oportunidad que por suerte me ha brindado generosamente Alex de la Iglesia con su, por otra parte, infame Balada triste de trompeta. Desde luego que nadie le podrá negar a Alex de la Iglesia la tremenda valentía de la que da muestra al filmar una película tan especial como ésta, o si se prefiere, el tremendo descaro de gastarse un pastón -aunque seguramente la peli tenga menos pasta de la que aparenta- para hacerse una monumental gayola cinematográfica. Se ve que el tío sigue empeñado en demostrarnos que esta España nuestra es lo suficientemente ridícula y con un pasado lo suficientemente despiadado como para no tener nada que envidiar a ningún país al norte de la frontera de El Paso. Si señor, con dos pares bien puestos, el joío se ha fabricado de nuevo cuño y de propia letra un transunto histérico del Joker, pero del Joker más desquiciado que uno pueda imaginarse, de un Joker que haría las delicias del peor Frank Miller, y lo ha soltado por las calles y por los monumentos conmemorativos de la España de Franco, al que ni si quiera se olvida de morder la mano que nos dio de comer a todos, para dejarnos bien clarito una vez más que como escenario de bodrios hollywoodienses la España más casposa va más que sobrada; que digo sobrada, va que se sale. Claro que lo que parece pasársele por alto al señor de la Iglesia es que un bodrio es siempre un bodrio, por mucho que se eleve Carrero Blanco, y todos sabemos que puede elevarse muchísimo.

Pero no es eso lo más destacado de la película ni es eso lo que quiero compartir con todos; que va, lo mejor, y de largo -excepción hecha de Carolina Bang, claro- es la canción de Raphael que da título al flim. ¡Eso si que es un tema serio y elevado de verdad! Y hasta hay quien dice que la exigencia del tema es tal que el propio Raphael apenas se ha atrevido a cantarlo un puñado de veces, que por lo visto hasta le sangran las cuerdas bocales cuando lo intenta, además de los oídos, supongo:



Qué maravilla. Y lo digo muy en serio.¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

domingo, 17 de julio de 2011

Tonteando con el Filmaffinity

Pues el caso es que esta semana me he mudado por fin a mi pisito, y claro, lo primero es lo primero: me he hecho una pantalla de cine para mi retroproyector. Pantalla que al final, tras mucho guerrear contra los elementos y contra mi natural pericia para las manualidades y el bricolaje, he conseguido dejar, flexímetro en mano, en unos 365 cms en diagonal, o sea, traducido al castellano, unas 136" de bellón, conversor cms-pulgadas mediante. Ahí es nada. Claro que ahora a ver quién es el guapo que llena tanta pulgada. Y no es que me falten películas, documentales y series para ello, pero en fin, a uno le agrada darse una vueltita de cuando en cuando por la descomunal base de datos del Filmaffinity y rastrear a fondo en busca de esas joyas desconocidas que suelen abundar en la página, o de esas novedades que verdaderamente merecen la pena o simplemente para pasar el rato entretenido recordando los muchos, tal vez demasiados, déficits imperdonables que uno sigue arrastrando en este vicio maravilloso que es el de la cinefilia. Lo curioso es que de un tiempo a este parte la página ha aumentado exponencialmente los criterios de selección de almas gemelas, lo que da un juego tremendo para multiplicar el número de películas recomendadas. Por ejemplo, si aplico los criterios standar, con nivel de afinidad medio y sin discriminar usuarios me da las siguientes recomendaciones (para escandalo vuestro, que conste que todas son películas que aún no he visto; ahí reside la gracia de las recomendaciones):


1.- Ivan el terrible parte II (La conjura de los boyardos), de Serguéi Eisenstein (puntuación 9,4)
2.- Ivan el terrible parte I, de Serguéi Eisenstein (9,4)
3.- Noche y niebla, de Alain Resnais (9)
4.- Sin novedad en el frente, de Lewis Milestone (9)
5.- Stalker, de Andrei Tarkovsky (8,9)

No está mal, aunque tal vez un poco predecible. Pero
veamos que pasa si le ajusto las clavijas al grado de afinidad y lo subo al máximo:


1.- Shoah, de Claude Lanzmann (9,1)
2.- Fuego en Castilla, de José Val del Omar (9)
3.- El hombre que plantaba árboles, de Frédéric Back
(9)
4.- La condición humana III (La plegaria del soldado), de Masaki Kobayashi (8,9)
5.- Europa 1951, de Roberto Rossellini (8,8)

Ah, esto ya es otra cosa, ahí ya van apareciendo títulos un poco diferentes a los habituales. Comprobemos ahora que sucede si nos vamos al otro extremo y sin hacerle ascos a nada ni a nadie, relajamos al máximo los criterios:


1.- La dolce vita, de Federico Fellini (9)
2.-
Fanny y Alexander, de Ingmar Bergman (9)
3.-
Pa negre (Pan negro), de Agustin Villaronga (8,7)
4.-
El cielo sobre Berlín, de Win Wenders (8,7)
5.-
Amacord, de Federico Fellini (8,7)

Vaya, sinceramente me esperaba algo más heterodoxo. En fin, lo curi
oso es que van ya 15 recomendaciones y sin ni una repetición. Pero sigamos forzando la máquina. Sin reducir la manga ancha, vamos a pedir la recomendación sólo a los menores de 25. Chicos, sorprendedme:

1.-
Informe Robinson: Cuando fuimos campeones (9)
2.-
Caché, de Michael Haneke (9)
3.-
Adaptation (El ladrón de orquideas), de Spike Jonze (9)
4.-
Boardwalk empire (Episodio piloto), de Martin Scorsese (8,7)
5.-
Toy Story 3, de Lee Unkrich (8,5)

¡Toma ya, el Informe Robinson sobre el mundial a la cabeza! Documental, que por cierto, tengo, aunque sólo lo he ojeado por encima.
Habrá que echarle también una miradita a la serie de Scorsese... Pero sigamos, que esto se pone interesante. ¿Y si, cual vulgar nacionalista, discriminamos a todos los españoles y nos quedamos únicamente con la opinión del resto del mundo? Pues el resto del mundo opina que lo primerito que debo ver es:


1.- Amsterdam Global Village, de Johan Van
der Keuken (9,7)
2.- La divina comedia, de Manoel de Oliveira (9,7)
3.- Walden: Diaries, notes and sketches, de Jonas Mekas (9,5)
4.- As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty, de Jonas Mekas (9,3)
5.- Sátántangó, de Béla Tarr (9,3)

Cágate lorito, de las cinco sólo tengo la última. De hecho dudo mucho que se puedan encontrar las demás siquiera subtituladas al castellano.
Por supuesto es cosa de mirar, no vaya a ser... En fin, y ya para terminar, le haremos la pregunta sólo a estadounidenses y canadienses, a ver como ven ellos el asunto:

1.- Duck amuck, de Chuck Jones (9,5) (¡Un corto del pato Lucas!)
2.-
La dimensión desconocida, (En los límites de la realidad) Serie de TV (9,4)
3.-
La condena, de Béla Tarr (9,3)
4.-
After life, de Hirokazu Koreeda (9,3)
5.-
La tienda de la Calle Mayor, de Ján Kadár y Elmar Klos (9)

Malditos yankis, que propios son los cabrones. En fin, a lo tonto a lo tonto me he juntado ya con 30 películas, series o documentales, todo muy atractivo, y con más de una canditata para formar parte de mi olvidada sección de grandes películas poco o nada conocidas. Si es que el Filmaffinty es un tesoro inagotable.




Fuego en Castilla - José Val del Omar por EoqueE¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

miércoles, 13 de julio de 2011

Nietzsche o qué

Meritoria charla, la del pasado domingo.

A mí me pasa un poco lo que a cualquiera, que, cuando se trata de sintetizar la filosofía de Nietzsche, reconociendo de entrada sin respingo de pudor que la cosa es insoluble a pesar de haberse empecinado antes hasta la náusea en todo lo contrario, se me aparecen en imágenes un tanto menos que oníricas pero mucho más que reales las aguas rebosantes de vida del lago Tanganika: y así el ponente. Todo muy normal, contra la tesis de moda aunque de otros tiempos, vaya usted a saber si vigente, que afirma aquello de antes muerto que sencillo, géneros al margen. Y en este mollete de crepitante levadura que enseguida pasaremos a degustar, que no es sino la otra cosa que quiso haberse dicho pero que no se dijo por el qué dirán, no habrían de faltar los fiambres de varia curación y salazón que elevaran el simposio a la altura de la excelencia.

Se empezó por el final, rindiendo la plaza sin sorna ni reverencia, admitiéndose que nada cabía esperar, ni menos encontrar, ni tan siquiera con el concurso de alguna misericordiosa flauta traída por la casualidad o por el espíritu de lo inopinado, declaración que, justo es reconocerlo, lejos de ejercerse a lo timorato, venía acompañada por el percutir de, valga la metáfora por una sola vez y basta, el retumbar de miríadas de timbales al viento vespertino y calmachichero. En efecto.

Y, así, transcurrió el periplo sobre áreas de las que la magia ancestral nada supo, como tuvo que ser de cuando fue lo que fuere, que no es sino, pero nada menos, cuidando la precisión, la noche de los tiempos, que, para la ocasión, expresándolo evocativamente pero no aquí y ahora sino en la tarde de autos, es decir, allí y en el entonces aquel, sofocaba los ánimos y la canalla paciencia de un jesusete cualquiera. El cielo nos valga. De manera que la ontología, la epistemología, la psicología, la ética y la política rivalizaban entre sí por ver quién de entre todas acaparaba el protagonismo, misterio que quedó desvelado, un poco después, y a modo de traca final pero con pólvora del rey, en eso que se dijo: es que los nazis. Igitur…

Y fue la auto-referencialidad y sus paradojas, y el tabique, sobre todo el tabique, lo que al final conciliara, cual eclipse de Luna, la Verdad del Ser con la “verdad”, de mentirijillas, de los seres. Y que si una voluntad de poder y un eterno retonno, al socaire de la sombra feliz de un naranjo regado con generosidad, y que si un superhombre y un hombre último, en la amarilla fluorescencia de un algo menos que Sol: que una “jarta”, seamos veraces aunque de mentirijillas.

Demasiado corazón para tan poco nihilismo.

¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

Caray, ya todo un año...




Cambio de cabecera, cambio de imagen, cambio de línea editorial y cambio de editores, espero. Finalizado el Mundial, Sin apuesta apuesta por la renovación y se transforma en Letrinas, un espacio cultural dedicado a todo aquello que hace que la vida tenga sentido y merezca ser vivida -y la muerte murida, que decía Les Luthiers-. Música, cine, literatura, zombies, Gustavo Bueno, vómitos transcendentales, deportes y todo lo que pueda ser imaginado, soñado, sufrido o disfrutado encuentran cabida y se hacen grandes entre nuestras letrinas. Un sentido, sencillo y sincero homenaje a la letra pequeña del imaginario colectivo de sus miembros, aquella que apenas se ve, que todo el mundo pasa por alto, pero que sin embargo constituye la esencia y la parte fundamental de cualquier contrato. O si no haced la prueba de ignorarla en vuestras hipotecas. Váis a acabar bien...
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sábado, 9 de julio de 2011

Mulholland Drive, de David Lynch: no todas las rubias son iguales

Acabo de volver de mi segundo viaje lisérgico en poco menos de veinte horas y aun no tengo del todo claro qué es lo que he soñado. Creo tener fijada con cierta solvencia la trama principal, pero todavía me flotan como fogonazos deslumbrantes algunas imágenes inconexas que no acabo de encajar en la totalidad del puzle. Lo cual me lleva a plantearme la pregunta que supongo se habrá planteado cualquiera que haya visto la película más de una vez –lo dudo de quienes la hayan visto tan sólo una o ninguna- : ¿hay en ella algo más allá del juego de apariencias y misterios? Porque es indudable que Mulholland drive funciona perfectamente como enigma que desafía la inteligencia y la atención del espectador, pero que una vez resuelto, si bien no del todo, cosa que parece prácticamente imposible, si al menos de forma medianamente satisfactoria, deja cierta sensación de vacío. En mi caso no me avergüenza reconocer que he disfrutado muchísimo con los dos pases privados que me he concedido, abandonándome a la atmosfera casi pesadillezca de la película en el primero y entreteniéndome en recomponer las piezas hasta donde me ha sido posible en el segundo. Pero reconozco también que no es esta la forma de cine que más me atrae. Trataré de explicar porqué.

Qué duda cabe que a todos nos gusta que nos sorprendan, que nos sacudan, que nos saquen de la monotonía, incluso que de vez en cuando, o de cuando en cuando, o de vez en vez, nos den gato por liebre. Para ello el director aspirante a tahur tiene principalmente dos alternativas a su disposición: idear un argumento ingenioso y sorprendente que consiga ir siempre un paso por delante del espectador (es el caso, por ejemplo, de La huella de Mankiewicz o El golpe de Hill) o envolver la anécdota en un envase revolucionario y seductor (como el Ciudadano Kane de Welles o el Pulp Fiction de Tarantino). En otros tiempos me entusiasmaba fundamentalmente lo segundo: me encantaba el juego de una trama hecha añicos que el espectador debe rehacer. Aun hoy me sigue gustando, pero con condiciones: esta es una forma de novedad que deja de sorprender pronto y de la que uno no tarda en desengañarse si la fragmentación del relato no viene justificada por el propio argumento, si no persigue realzar y potenciar determinados matices de la historia, si en vez de servir de caja de resonancia para el contenido amenaza con ahorgarlo, es decir, si lo único que oculta tras los artificios pirotécnicos es su propia trivialidad. Hoy por hoy la forma sin contenido, por más majestuosa que sea, ya no me llega. Y esto es lo que me pasa en gran medida con Mulholland drive: no veo claro que Lynch haya buscado la mejor forma de contar su historia; más bien todo lo contrario, se las ha ingeniado para des-contarla. En vez de mostrárnosla, nos la ha ocultado; en vez de servírnosla con su mejor cubertería, nos la ha escamoteado , nos ha arrojado una migajas y nos ha dicho, no seáis ansiosos; esto es todo cuanto tendréis para llevaros a la boca. Y encima espera que le demos propina. Muy amable, hombre.

Para que veais que no hablo por hablar voy a tratar de demostrar que esto es así: voy a explicar qué he entendido yo tras verla dos veces. Lo que provocará –estoy convencido- que más de uno, o de una, se horrorice ante una interpretación tan retorcida y equivocada de la película. Vamos allá:



Diane y Camille son dos actrices que comparten algo más que oficio. O dicho en lenguaje poético, son amantes. Pero Camille se enamora –o no- del director de su última película y está dispuesta a dejar en la estacada a Diane. Cosa que Diane no se toma mal del todo: apenas contrata a un matón para que liquide a Camille. Pero una vez ejecutada su venganza Diane, que en el fondo es buena gente, no puede asumir las consecuencias de sus actos y en un delirio autoinducido –o tal vez el café lleve algo más que cafeína- reelabora en su mente los hechos intentando desesperadamente borrar todo lo sucedido. Así en la nueva versión Camille se salva de la muerte gracias a un oportuno accidente de tráfico. Eso sí, al precio de perder la memoria. Además Diane ya no se llama Diane, sino que en un ingenioso intercambio de personalidades con la camarera del Winkies ahora se llama Bettie y es una inocente y pueblerina atriz canadiense recién llegada a Hollywood en busca de su oportunidad. La nueva Bettie se alojará en la casa de su tía Ruth, que en la verdad verdadera está muerta, pero en la fantasía de Diane ha viajado a Canadá para rodar un film. El caso es que aprovechando la pérdida de memoria de Camille, ahora llamada Rita (en la alucinación Camille es otra actriz con muy buenos padrinos), las dos ex-amantes se dedicarán a emular a Phillip Marlowe o a Sam Spade y de paso a revivir momentos de dicha compartida, mientras la mente de Diane va mezclando todo un batiburrillo de referencias de la realidad, como por ejemplo la trama del director Adam Kesher. Que es, además, la parte más floja de la película; el señuelo que usa Lynch para confundir al espectador en el fondo aporta poquito a la historia central del film, es decir la relación entre Camille y Diane y la forma en que esta última reelabora a su gusto todo lo sucedido.

…Y después está la caja azul. Pero eso lo contaré otro día. Son ya demasiadas emociones para una sola jornada.

Madre mía, lo que me ha costado escribir esta birria de reseña. Eso sí, he conseguido concluírla sin una sola mención a las escenas lésbicas. Menos mal que a partir de ahora, cual vulgar Diane, comenzaré mi proceso de reescritura…


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jueves, 7 de julio de 2011

Algo huele a podrido en Dinamarca

"La regresión desde el punto culminante en el devenir (desde la suprema espiritualización del poder hasta el fondo de la suprema esclavitud), mostrarla como con­secuencia de aquella fuerza suprema que, volviéndose contra sí, después de no tener nada más que organizar, gasta su fuerza para desorganizar..."

Friedrich Nietzsche, Fragmentos póstumos, 9 [8]


Una y otra vez me empeño en retomar este fragmento, en estrellarme contra él, en darle vueltas, en marear la perdiz, en marearme yo con ella, y una y otra vez, como si me hallara atrapado en un circulo vicioso, o en un bucle infinito, o en un movimiento perpetuo, él se empeña en regresarme de nuevo a la casilla de salida sin más fruto que la sospecha de que algo importante se cuece dentro. Maldito Nietzsche...



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lunes, 4 de julio de 2011

Matar a Nietzsche


Más que matarlo, va a ser una auténtica carnicería: voy a despellejarlo, a destriparlo, a mutilarlo, a reducirle la cabeza, a arrastrar por el fango su cadaver, a quemar sus despojos, a pulverizar sus huesos, a orinarme en su memoria, a defecar en su buen nombre y a vomitar sobre su legado espiritual. Eso, y no otra cosa más que eso, es lo que pienso hacer con él. Y ya sabéis que todos estáis invitados a mi macabro acto de ensañamiento intelectual. El próximo domingo día 10 de julio, a las 19:00 horas, en... ¿los salones nuevos de la fundación? Bueno, esperemos permiso y confirmación. En fin, lo dicho: Friedrich Nietzsche, una mirada a vista de transbordador espacial a los contenidos doctrinales de su filosofía, si es que los hubiera, y si es que habiéndolos, fueramos capaces de hallarlos. Y el libro propuesto, que supongo ya habréis leído y releído hasta la nausea -de Jean Paul- es La genealogía de la moral. Estáis avisado.
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Ka versus Ka


Los amantes del ajedrez beberán como una pócima imposible de rechazar los siguientes vídeos sobre dos monstruos de este deporte KARPOV Y KASPAROV;  en esa época, y hablo por mí, el tablero era un espacio donde vivía y las referencias eran constantes a este mundo, y ahora muchos años alejado pero sin perder de vista el horizonte pasada, septiembre siempre vuelve, te acuerdas. El ajedrez une a modo del firme hormigón, que a pesar de las grietas se mantiene adaptado a los movimientos sísmicos que la vida conlleva, rememora batallas sublimes y el recuerdo de las partidas te hace compartir momentos inolvidables. Disfruten de ello.




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domingo, 3 de julio de 2011

Logicomix, introducción de Fernando Savater

Por supuesto no es un manual de matemáticas, ni un tratado de lógica, y menos aún de filosofía; en verdad poco se puede aprender en sus páginas sobre estas disciplinas. Y ni falta que hace. Logicomix es ante todo una novela, un relato épico que glosa la lucha sobrehumana emprendida por un puñado de mentes excepcionales en pos del santo grial del conocimiento: la fundamentación última de la verdad. Claro que al final, como si de héroes hustonianos se trataran, todo se desvanecerá frente a sus propias narices, justamente cuando parecían rozarlo con la yema de los dedos -maldito Gödel-, pero en fin, ahí queda ese camino apasionante lleno de logros fundamentales, de retrocesos y frustraciones, pero sobre todo, en especial para quien lee, de la gozosa alegría del encuentro con lo maravilloso; el privilegio de haber acompañado durante un puñado de páginas a esta liga de hombres extraordinarios en una aventura irrepetible. Pero oye, mejor que nos lo cuente Fernando Savater, que aunque no sepa demasiado de filosofía más gracias y más estilo sí que tiene:

Logicomix, introducción de Fernando Savater
El cómic se ha revelado como un medio de expresión extraordinariamente dúctil: el humor, la acción violenta, el terror, el costumbrismo, la denuncia política, el deporte, la crónica histórica, la intriga, la fábula, la más desbordante fantasía y el más minucioso realismo, todo encuentra acomodo en sus viñetas. A veces, esta flexibilidad asombrosa le juega malas pasadas y lo tenemos que padecer sobrecargado de impostadas trascendecias (muy de gusto de los pedantes, o sea de los expertos) que lo agobian mostrando mejor sus limitaciones que sus posibilidades. En los dramones campanudos y en las demasías pedagógicas apenas logramos disfrutarlo.
Un género intelectual que estuvo casi siempre ausente del cómic, al menos en su forma más directa: la filosofía. Los que tememos más lo plúmbeo que lo frívolo nunca la habíamos echado aquí de menos. ¿Qué no hay tebeos filosóficos? Pues mejor así. Y sin embargo, nos esperaba una sorpresa: Logicómix: Gracias a esta larga historieta genial hemos aprendido que también la filosofía cabe en el cómic y que puede ser tratada con perfecto rigor sin dejar de ser a la vez sumamente intrigante y divertida. Un acierto de pleno en el centro del blanco, aunque aquí el blanco tenga -gracias a Annie Di Donna- todos los colores adecuados.


Logicómix es el relato gráfico de una gran aventura, quizá la más emocionante y decisivamente humana de todas: la búsqueda de la verdad. Se centra en una etapa de esa persecución tan larga en el tiempo como la existencia del hombre sobre la tierra, el siglo XX. A lo largo de poco más de cincuenta años, un equipo de personas excepcionales que en ocasiones apenas llegaron a conocerse entre sí, intentaron averiguar qué es la certidumbre y de qué podemos estar seguros sin lugar a dudas y temores. A pesar de que su objetivo era el más abstracto que pueda imaginarse, esas personas fueron fieramente humanas, con todos los defectos, las vacilaciones, las arrogancias y los rasgos de valor propios de nuestra carne mortal. Esos héroes, podemos llamarlos así, de una nueva Iliada que se jugaron literalmente la vida en su empeño se llamaron Bertrand Russell, Ludwig Wittgenstein, David Hilbert, Georg Cantor, G.E. Moore, Whitehead, Frege, Poincaré, etc... Padecieron todas las debilidades de sus semejantes y el acoso de la historia, pero nunca renunciaron a la fuerza de su búsqueda. Ellos son los protagonistas nada habituales de este cómic único.
Pocas veces como aquí se ha dado una adecuación tan lograda entre el rigor del argumento y la alegría del dibujo. A muchos la expresión consagrad
a de "instruir deleitando" nos produce un cierto sobresalto preventivo pero Logícomix nos demuestra que, a veces, esa ambiciosa promesa sabe cumplirse de forma cabal.


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viernes, 1 de julio de 2011

A la trena...

Dios, hacía tiempo que no me reía tanto con la desgracia ajena...

¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

Como no me copies te pego

Reservado todos los derechos a los lectores, que podrán copiar, manipular, alterar y hasta leer todos los textos de este blog. Eso sí, se agradecería que mencionaran de dónde diablos han sacado el juguetito.