El 22 de mayo hicimos nuestra habitual ruta mochilera primaveral por la Sierra de Gredos, este año, la iniciamos por la cara sur, no sin antes negociar con Juan, que tiene recuerdos muy negativos de esa vertiente, en la que ha sufrido mucho y sobre todo, el clima siempre ha estado en nuestra contra.
Finalmente, nos juntamos unos pocos para hacer la ruta del Tío Domingo. Diego Frías, Míkel Díez, Matías Villegas, Roberto Sueiras, Juan Fernández, Juanfran Fernández y Paco Macías.
Quedamos en la localidad de El Raso (Ávila), primero llegó Roberto, y después Diego, poco después los demás y nos íbamos a tomar un café con ellos ¡Pero la taberna estaba cerrada un viernes a las 19.00 de la tarde!
Así que nos distribuimos en los coches y subimos al párking de la plataforma que lleva al Almanzor.
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| Helechos por todos lados |
Este primer tramo de subida era muy bonito con enormes robles de tanto en tanto, donde se parapetaban las aves, y también estaba tapizado de helechos que a Roberto le recordaban su añorada Asturias.
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| Diego y sus prismáticos |
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| Que no falten las cabras montesas. |
Desayunamos, (poquito para no ir con el estómago muy lleno) y nos pusimos a caminar por la ruta, la verdad que la temíamos, pero hasta llegar al Sillao de Chilla, es bastante más cómoda de lo que nos temíamos, de cuando en cuando parábamos, para tomar aire, ver los magníficos paisajes, ver también como la naturaleza se recupera de incendios de años anteriores y como los piornos van re-colonizando esas laderas quemadas.
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| Juan cagándose en tó... |
Yo mismo tuve un pequeño percance, al pisar una piedra grande que se movió y me desequilibró, lo curioso es que caí de espaldas y la mochila me protegió de posibles golpes en la cabeza. Así que solamente a recuperar la verticalidad y a seguir andando.
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| Matías y Diego |
Llegamos al Sillao, y Míkel, Matías, Juan y Juanfran decidieron seguir ascendiendo hasta la portilla Bermeja, que está a 2.422 msnm, y Diego, Roberto y yo preferimos parar en la sombra que nos daban los peñascos. Desde allí, mirábamos la zona que nos rodeaba, en la que Diego y yo intentábamos recordar por donde ascendimos a Los Castillejos desde la garganta del Tejea, que la teníamos enfrente, y que tantos recuerdos nos traía, Juan nos dio un mapa en color de la zona y eso también nos ayudó un poco, pero los recuerdos de los años se nos han pasado y es que hace tanto tiempo de aquello...
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| Paco y Roberto |
Mientras oíamos a los muy abundantes acentores cantar entre los piornos, también escuchamos a un mirlo común, que sorprende que a esa altura estuviese. Uno de mis objetivos era el Quebrantahuesos, pero a pesar de mirar a los centenares de buitres que vimos durante todo el día, no fuimos capaz de verlo. Lo más destacado fue un halcón peregrino, un par de águilas calzadas y varias chovas piquirrojas.
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| ¡Un estarivé en condiciones! |
Comimos y nos pusimos en una zona más llana, sin sombra, pero llevamos varios plásticos, ponchos, bastones y cuerdas que nos permitieron crear un estarivé, darnos al menos un poco de sombra y la pena es que el aire azotaba a los plásticos, pero no lo suficiente para caerlo. Mientras esperábamos a los auténticos aventureros, vimos como una lagartija (no pude identificar a la especie, pero era chulísima) se puso en una piedra, bien visible para mí, no estaría a más de 10 metros y con los prismáticos se veía bien. De repente, de un hueco, vi como salía la cabeza de una serpiente (posiblemente de escalera) e hizo un ataque rápido sobre la lagartija, pero ésta tuvo unos magníficos reflejos y evitó ser la merienda de la serpiente.
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| ¡Que te despeñas! |
Por fin llegaron los compañeros, Matías (el más novato de ese grupo) comentaba: aunque no lo parezca, estoy reventadísimo. Mientras ellos descansaban, nosotros tres iniciamos el ascenso a la peña de Chilla, que tiene una humilde altitud de 2.003 msnm, pero la vista sobre todos los demás valles, es espectacular, con caídas de más de 200 metros. Unas pocas fotos, y bajamos, recogimos las mochilas y a nuestros compañeros, bajamos a 1.600 metros, allí, en una zona llana y entre enormes moles de piedra, nos parapetamos, porque el aire se estaba poniendo muy violento.
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| Moles de piedra. |
Mientras cenábamos, había unas vacas muy cercanas, que venían a visitarnos, y que Juanfran se dedicaba a alejarlas, así se tiró bastante tiempo. Por fin nos echamos en los sacos, no hacía nada de frío, pero el aire con unas enormes rachas, era muy molesto. Al ir pasando la noche, vimos como hacia el oeste se vislumbraba una espectacular tormenta, en la que se veían los rayos, pero por fortuna la tormenta no se acercó hacia nosotros. Fue curioso, que alguien dijo, son la 1:15 y fuimos muchos los que pensamos, ¡qué larga va a ser esta noche!
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| Neveros en la cara Sur |
Pero de repente el viento paró, y todos dormimos mejor. Roberto y Diego a las 7 de la mañana se levantaron y se pusieron a charlar, los demás no teníamos prisa, por lo que echamos al menos una hora más en el saco. Tomar un café decente en el campo es un placer (aunque el termo pesa con el café medio kilo más), después nos pusimos a buscar a las collalbas rubias y grises que cantaban alrededor nuestro, mientras Juan y Matías desayunaban, tranquilamente... Nosotros hablábamos un poco de todo, medio ambiente, agricultura, geopolítica y música, pues anda que no hay temas que tratar en estas horas de ruta.
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| Y nuestro Míkel |
Por fin nos pusimos en marcha, una hora después llegamos a la fuente donde el viernes repusimos agua y en esta ocasión nos refrescamos, para mitigar el calor. Más fotos del grupo, y terminar el descenso. Antes de llegar, nos cruzamos con el ganadero, dueño de las vacas con las que compartimos noche, es curioso, por que el caballo iba echando sus boñigas de estiércol, y una cantidad inusitada de escarabajos peloteros, se peleaban por ellos. Qué curiosa es la naturaleza.
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Por ahí, anda el Tejea... |
Antes de comer, pensamos en visitar el puente Pinillos, donde está el Tejea, pero unos viandantes nos dijeron que no era nada fácil llegar a las pozas para bañarse. Por lo tanto abortamos el paseo, pero aún así, tuvimos la suerte de ver a una nutria en el río, y eso no se ve todos los días. Por cierto, esa garganta, es las más abrupta y salvaje de todas las que hay en Gredos, con unos bosques todavía inmaculados, ya que no es nada sencillo acceder allí, tal es la verticalidad del terreno. Desde arriba se veían enorme sauces, alisos, enebros y robles, y en las laderas, restos de bosque mediterráneo, destacando las encinas y las jaras pringosas. Diego y yo, al menos, ya hemos quedado para visitarla.
Terminamos comiendo en la Garganta del Alardos, en un restaurante, y disfrutando de una charla muy amena. Y posiblemente, preparando la ruta del mes de septiembre, para no estar mucho tiempo sin vernos.
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| ¡El gran Juanfran! |














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