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martes, 13 de diciembre de 2011

Tebeos en La Casa del Mundo (VIII): Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Fermín Solís

Como supongo que buena parte de nuestra audiencia volverá cansada después del macropuente y sus inevitables desplazamientos, esta semana voy a procurar no moverme mucho de casa para mí sección comiquera. O sea, que toca tebeo de la región y sobre la región. O dicho de otra forma, que me voy a quedar con Fermín Solís y su Buñuel en el laberinto de las tortugas.

Fermín Solís, natural de Madroñera aunque residente en Cáceres, es, por si alguien no lo conoce, uno de nuestros historietistas más reconocidos dentro el panorama nacional e internacional, autor de obras tan interesantes como
El año que vimos nevar, El hombre del perrito o, como curiosidad, el tebeo homenaje a la figura de José de Espronceda que, en 2008 y con motivo del segundo centenario del nacimiento del poeta, le encargo el ayuntamiento de Almendralejo. Son las suyas, por lo general, historias costumbristas muy apegadas a la realidad de su mundo y de su tiempo. En ese sentido podría afirmarse que Buñuel en el laberinto de las tortugas supone toda una excepción en el conjunto de su obra. Con ella Fermín nos traslada hasta 1933 para colarnos de matute en el rodaje de la célebre, no sé si para bien o para mal, Las Hurdes, tierra sin pan. Al igual que sucede con el propio mediometraje de Buñuel, estamos ante una recreación más imaginaria que real de los hechos y las circunstancias que debieron rodear a la filmación. Solís especula acerca de la improbable relación que pudieron entablar el excéntrico grupo de cineastas y los habitantes de Las Hurdes, no menos extraños a los ojos de aquellos. Pero sobre todo indaga y pone de manifiesto, aunque sea desde la ficción, en las tremendas contradicciones personales, ideológicas y artísticas del propio Buñuel. Unas contradicciones en las que quizá sea necesario ahondar si se quiere entender cómo un hombre que decía guiarse por el deseo de denunciar la miseria que asolaba a Las Hurdes, miseria que por otra parte nadie niega, pudo después asestar semejante puñalada trapera a sus habitantes, retratándolos con tanto desprecio y con tan poco respeto.


Esa es la gran virtud, y a mi entender también el mayor defecto de este Buñuel en el laberinto de las tortugas, presentarnos una semblanza mesurada y creíble del director que penetra en la ambigüedad y en las complejidades de ese Buñuel rudo, surrealista más que documentalista y siempre provocador que durante mes y medio se paseo, pistola en mano, o si no que se lo pregunten a la cabra y al burro, por Extremadura. Y digo que es también su mayor defecto porque a quienes pensamos que ese presunto documental no es más que basura sensacionalista nos hubiera gustado ver a Solís atizando a Buñuel con un poco de más saña y menos comprensión. Vamos, como hizo él con los hurdanos. Pero en fin, eso ya entra dentro de las preferencias personales de cada uno y no resta ni un ápice a los muy sólidos méritos del cacereño.


En definitiva, una obra que, alejada de los tremendismos del calandino, resulta tremendamente recomendable y que el lector interesado podrá encontrar disponible algún día, si es que algún día vuelve a abrir sus puertas, en nuestra biblioteca municipal.


Buñuel¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

martes, 29 de noviembre de 2011

Tebeos en La Casa del Mundo (VII): Obélix y compañía, de René Goscinny y Albert Uderzo

Me preguntaba yo hace un par de semanas, medio en broma, medio en serio, que dónde están los tebeos de Astérix y Obélix. Pues mira, aquí os los traigo. Y con razón, porque hubiera sido imperdonable dedicar una sección a la historieta y no hablar de ésta serie, una de las más importantes que haya dado nunca el medio. ¿O alguien duda de que los personajes creados por el escritor René Goscinny y el dibujante Albert Uderzo allá por 1959 en la mítica revista Pilote, Astérix, Obélix Idéfix, Panorámix, el bardo Asurancetúrix o el jefe Abraracúrcix son ya patrimonio indiscutible de la cultura popular de nuestro tiempo? Porque además son tebeos que encandilan por su desenfado, por su carácter de literatura de evasión. Cuando uno abre un álbum de Astérix sabe que se adentra en un mundo que nada tiene que ver con el mundo que le rodea, que por un breve momento podrá olvidarse de todos sus problemas e inquietudes. Hagamos la prueba. Voy a elegir un título al azar, uno cualquiera. Por ejemplo este que me queda más a manos: Obélix y compañía.

Año 50 antes de Cristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste ahora y siempre al invasor…

Sí, resisten los galos, pero no se imaginan la magnitud de la crisis que se les avecina. Porque hartos de tantos reveses,
el Cesar y Cayo Coyuntural -un joven ambicioso recién salido de la escuela imperial de administración- han urdido un diabólico plan que amenaza con hacer saltar por los aires la estabilidad del pueblecito.

¿ El plan?

Apoyados en el crédito ilimitado del las arcas imperiales, pretenden comprar todos los menhires de la aldea de forma que se cree un boom alcista en el mercado y forzar así a los galos, casi sin darse ni cuenta, a sumergirse en una loca y obsesiva carrera por incrementar la producción. Para ello Cayo Coyuntural traba amistad con Obélix y le pide un mayor número de unidades. Obélix se ve obligado a abandonar sus saludables hábitos de vida para emplearse a fondo en la talla del menhir; contrata vecinos para que cacen por él y además empieza a preocuparse por vestir como corresponde a un hombre de su posición

¿La consecuencia?

En seguida toda la vida del pequeño pueblo gira alrededor de los euros… digo… de los sestercios del menhir. Y aunque la aldea atraviesa un momento de bonanza económica, ya no es la que era, porque lo hace a expensas del sacrificio de sus valores tradicionales. Cosa que no gusta ni un pelo ni Astérix ni a Panorámix, los únicos que mantienen la cordura. Hasta que repentinamente y en vista de la alta rentabilidad del mercado, todo el mundo antiguo, los romanos, los griegos, los fenicios... se pasa al sector. Nadie se resiste a la fiebre del menhir, ni aun cuando eso implique descuidar las demás actividades productivas. Y eso que tampoco nadie sabe con certeza para qué diablos sirve un menhir.

Y claro, inevitablemente un día el mercado se satura y colapsa; las arcas del Cesar, que hasta entonces se habían encargado de financiar y promover el boom se vacían y no quedan ni las telarañas; los romanos, que son arteros pero no tontos, dejan inmediatamente de comprar y el precio del menhir, y con él el sector al completo, se hunde en la miseria. Lo que hasta entonces había sido una mercancía de lo más apetecible ahora se transforma en un bien molesto, inconveniente, no sé… algo así como… como un activo tóxico. Lo cual al menos servirá, una vez superado el disgusto, para que la irreductible aldea gala recupere la sensatez y vuelva a sus valores tradicionales, alejada definitivamente de la obsesiva gripe mercantilista por la que ha atravesado. Y ya de paso y como quien no quiere la cosa, para volver a zurrarle a los romanos, en nombre de las buenas costumbres, sí, pero también por conspiradores y por listillos.

En fin, que estamos ante una divertidísima y no menos feroz sátira sobre un hipotético e imaginario mundo de los negocios que por supuesto, como toda literatura de evasión, no tiene nada que ver con nuestro mundo real. Pero vamos, nada, lo que se dice nada. Ya lo apuntan los propios autores en una de las viñetas del álbum:

…lo que va a seguir será difícilmente comprensible para aquellos que no están familiarizados con el mundo de los negocios antiguos. Más aún teniendo en cuenta que todo esto es impensable hoy día, pues a nadie se le ocurriría probar a vender algo completamente inútil…

Di que sí, ¡viva la imaginación y la fantasía!

Obelix Y compañia¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

martes, 22 de noviembre de 2011

Tebeos en La Casa del Mundo (VI): American Splendor, de Harvey Pekar y Robert Crumb

Hoy voy a cometer herejía. O como dirían los niños de Carlos Giménez, voy a decir un pecado: hoy voy a elegir un tebeo de Robert Crumb y sin embargo, aún cuando todos sabemos que la gran creación de Robert Crumb es el propio Robert Crumb, no voy a hablaros de Robert Crumb, excepción hecha, claro, de la cantidad de veces que he dicho ya Robert Crumb. Pero no, para hablar de Robert Crumb prefiero emplazaros a otro programa; hoy quiero centrarme en la no menos interesante figura de su gran amigo Harvey Pekar, el único escritor que ha tenido el honor y el privilegio de contar, para ilustrar sus historias, con la colaboración de, seguro que no lo adivinais, Robert Crumb. Historias y colaboraciones recogidas bajo el título, ya todo un clásico del mundo de las viñetas, American Splendor.

Publicado en nuestro país por
Ediciones La cúpula en el número 12 de las obras completas de Robert Crumb, American Splendor es justamente el reverso tenebroso, la antítesis y hasta el antídoto y la refutación de lo que por tradición e historia ha venido siendo el tebeo norteamericano, esa industria fagocitada hasta la nausea por el superhéroe. Y es verdad, no puede haber nada más opuesto a las épicas y muy ruidosas aventuras de los superhéroes que las anécdotas mínimas, casi inexistentes, de Harvey Pekar, esos pequeños retazos de cotidianidad que se destacan y brillan precisamente por su total carencia de brillo, por su absoluta falta de esplendor.


Las peripecias que nos narra Pekar, en historias de apenas unas cuantas páginas, no pasan de ser las mismas simplezas y las mismas menudencias que nos acontecen a todos cada día. Peripecias del tipo, para que os hagáis una idea, de: Harvey conoce a Ed el loco, o Harvey hace cola en la caja del supermercado detrás de
una viejecita tacaña, o Harvey trapichea discos de jazz con los compañeros de trabajo, o incluso Harvey recibe el consejo desinteresado de Mr Boat o de Mr Rolling, filósofos urbanos que lo mismo disertan sobre el frágil equilibrio del cosmos que acto seguido le ofrecen un remedio casero para la alergia primaveral. Ese es precisamente el gran triunfo de Pekar, para cuya mirada nada es lo suficientemente insignificante, el de lograr convencernos de que es en los detalles más ínfimos donde reside lo auténtico, donde uno se da de bruces con las formas más sinceras y más honestas de la realidad.

Podríamos concluir que, en conjunto, American Splendor constituye una abrumadora crónica de la mediocridad; de la vida del hombre corriente, de ese hombre sin atributos -el propio Harvey Pekar- que lejos de los fastos y el oropel del éxito o la fama se esmera apenas por sobrevivir un día más sin dejarse por ello la dignidad en el camino. O dejándosela lo menos posible. Claro, y si encima cuentas con los dibujos de Robert Crumb... para qué insistir más.

Y ya por último y aunque no quiero extralimitarme en mis funciones, un consejo cinematográfico –Germán sabrá perdonarme- no dejéis de echarle un vistazo a la estupenda versión que protagonizó en 2003 el siempre solvente Paul Giamatti. Merece la pena.


American Splendor (Spanish)¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

martes, 15 de noviembre de 2011

Tebeos en La Casa del Mundo (V): La gran superproducción, de Jan

Pues nada, que estaba yo pensando que sí, que aquí mucho hablar de tebeos y mucho ponernos esplendidos pero a la hora de la verdad ¿dónde están los tebeos de toda la vida? ¿Dónde están los Mortadelo y Filemón? ¿Dónde los Astérix y Obélix, o los Tintín o los Lucky Luke? Incluso ya puestos, los superhéroes. Porque claro, una cosa es querer reivindicar el tebeo como algo más, en verdad mucho más, que un mero divertimento infantil, y otra es renegar de aquellas maravillosas aventuras con las que muchos prácticamente aprendimos a leer. Así que nada, hoy, en descargo, toca tebeo infantil- juvenil. Y además, entre todos los títulos o personajes posibles, me quedo con mi favorito de siempre: el superhéroe español por antonomasia, el hombre capaz de hacer morder el polvo al Supergrupo apenas con una pregunta -¿quién es el jefe?-, que se las tuvo bien tiesas con todo el panteón de dioses de las diversas mitologías clásicas o que soportó la plaga de los inagotables petisos carambanales: por supuesto me refiero a Jo-Con-Él, alias Juan López Fernández, alias Superlópez, el genial personaje nacido en 1973 a la vera de la retorcida imaginación de Juan López Fernández, alias Jan. Claro, me imagino que habrá quien piense, bah, pero si Superlópez no es más que una burda parodia de Superman. Sí, hombre, sí, pero decidme, ¿cuántos superhéroes, cuántas burdas copias de Superman - y no olvidemos que todos los superhéroes lo son- conocéis que hayan hecho cine de arte y ensayo? Pues Superlópez lo hizo. Y si no me creéis, leeros La gran superproducción… vamos quiero decir que esa es mi recomendación para esta semana.

Os cuento: estamos en 1985; el lugar Barcelona. Llauna SA, la empresa de publicidad donde trabaja Juan López, el alter ego de nuestro héroe, decide dar el salto al negocio del cine y convertirse en Llauna Films. Así que se prepara para rodar, junto a la Carner Bros Tinctures, su primera gran superproducción: Tronak el Karbaro. Y para ello necesitan de todo un elenco de estrellas del celuloide: el famosísimo Brut Kanlaster recién sacado del asilo para la ocasión, la megaestrella americana Valerie Astro, rubia y despendolada ella; el cachas de mentirijillas Miguelito Miguel Gómez y por su puesto el niño Marcelino Vinopan, un macarrilla robacoches recién fugado del correccional. Y todos bajo las órdenes de gran Cecilio Bemille, el aclamado director de “El último mambo en madriz”. Y claro, con esos mimbres, pues ya os podéis imaginar el cesto: a las primeras de cambio el Kanlaster que se nos muere –literalmente - de tanta excitación; la Valerie que se niega a aparecer vestida en la pantalla a no ser que lo exija inexcusablemente el guión -habrase visto semejante país de salvajes-; al Miguelito Miguel Gómez que le da vergüenza emular al Glenn Ford de Gilda y arrearle una galleta como dios manda a la rubia o el niño Marcelino Vinopan que se nos pasa todo el tebeo pidiendo, además en cheli, un cigarrillo.

Por su puesto no se quedarán ahí los problemas de la gran superproducción: el gran Cecilio Bemille, decide mandarlo todo al carajo a mitad de película. Si total lo que él quería era rodar su Macbeth visto por detrás… Pero es que los de la Carner Bros se han echado atrás y el presupuesto ahora asciende, o mejor dicho desciende, a unas… 300 pesetas. Pero bueno, que no panda el cúnico, que siempre nos quedará Superlópez para hacer las veces de director, o de montador, o de especialista de efectos sonoros o de guardaespaldas de la Valerie o de lo que haga falta.

Estamos ante una descacharrante exploración del mundo del cine que no deja títere con cabeza, que se ríe lo mismo de actores que de directores, de guionistas que de críticos, de productores que de periodistas. Vamos, que deja a la altura del betún al Truffaut y su “noche americana”… Y encima con un desenlace que se adelanta casi en 20 años al Woody Allen de Un final made in Hollywood. Toma ya, el cine plagiando al cómic…

Por cierto, ¿alguien sabe que es una script girl?


Super López: La Gran Superproducción (Spanish, CRG) por Umbriel¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Tebeos en La Casa del Mundo (IV): Billie Holiday, de Muñoz y Sampayo


Hoy voy a brindaros, en gesto de buena voluntad, una recomendación que estoy convencido os va a entusiasmar. No tanto por el tebeo en sí, que de todas formas es excelente aunque ya os lo he recomendado en otros lugares, si no más bien porque nos va a ofrecer la siempre agradable oportunidad de volver a escuchar la voz de esta grandísima dama del jazz. Por supuesto, por si aun no lo habéis adivinado, voy a hablar de Billie Holiday, la obra maestra del tandem argentino Muñoz y Sampayo.

Escrita y dibujada desde el afecto y la admiración, Billie Holiday es la cruda y nada idealizada biografía de la cantante norteamericana, una semblanza que no esconde ni quita ninguno de los terribles abismos personales a los que debió enfrentarse durante su azarosa vida. No en vano el guión de Carlos Sampayo, y los impresionantes claroscuros de José Muñoz, se esmeran por reconstruir con verosimilitud y precisión el itinerario de la que fue la vida y obra de Eleanora Fagan Gough, Billie Holiday para la posteridad, de la que no dudan en mostrarnos, sin recato ni reservas, su rostro más descarnado, el de la prostituta adolescente con un largo historial de abusos y violaciones; el de la mujer sumisa e incapaz de revelarse frente a los hombres más miserables, a los que contra toda sensatez amó hasta la ruina; el de la cantante que padeció en su propia piel, su piel oscura, la crueldad de una sociedad y un tiempo profundamente racistas que le prohibieron por más de una década cantar en los clubes de Nueva York, o el de la alcohólica y toxicómana que acabó sus días agonizando en un triste hospital, bajo la ridícula vigilancia de la policía y con la cara hinchada, las venas arrasadas y el corazón destrozado.

Contado así tal vez pueda parecer difícil que el tebeo trasmita y despierte el cariño que su figura, sin lugar a dudas, se merece, pero no hay que olvidarse de la habilidad y el talento de este tandem de argentinos universales para, apenas en pequeños trazos, una mirada triste, una sonrisa luminosa, un gesto preñado de ternura hacia su inseparable Lester Young, Pres para ella, Lady Day para él, ir conquistando poco a poco y para siempre el corazón y la simpatía de los lectores. Porque entre tanta desolación y miseria también asoma, como un rayo de esperanza, la grandeza de este ser humano, ese extraño fruto, no sé si de los árboles del sur, capaz de transformarse y transcenderse en el ejercicio apasionado de su arte, aunque fuera sólo durante los pocos minutos que dura una canción.

-Muñoz y Sampayo, a la derecha, junto a su personaje insignia, Alack Sinner-

Ahí tenéis el tebeo, por si a alguien le apetece echarle un vistazo:

Billie Holiday¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Tebeos en La Casa del Mundo (III): En pocas palabras, de Jason


Si he de decir la verdad, y supongo que debería hacerlo, o al menos no mentir tanto como hasta ahora, esta no es la recomendación que tenía en mente, como diría un cuponero, para hoy. Pero claro, uno oye hablar de Nietzsche y del nihilismo y de la dialéctica en ejercicio y de la consideración de lo uno y su contrario y de la madre que los pario, y vaya, no puede evitar acordarse de la obra de
John Arne Sæterøy, más conocido en el mundo del tebeo como Jason. Porque si por algo se caracteriza el trabajo del noruego, siempre imprescindible, es justamente por su maravillosa capacidad de aunar virtudes contrapuestas que, como el agua y el fuego, la sal y el azúcar o el amor y el matrimonio, no parecen a primera vista compatibles.


Por ejemplo, los tebeos de Jason abordan muy pocos temas, temas que como la soledad, la incomunicación, la vida no vivida, o la neutralidad moral de la existencia dan forma a la totalidad de su universo de ficción. Y sin embargo, a pesar de esta escasez de temas, nunca cae en la monotonía ni en el cansancio. Al contrario, Jason es un autor tremendamente original e imaginativo que siempre consigue sorprender a sus lectores. Sí, original e imaginativo, aún cuando sus obras están plagadas de una gran cantidad de homenajes y referencias a otros autores y a otras obras. No en vano es fácil reconocer en sus páginas la influencia de cineastas como Bergman o Hitchcock, o incluso la huella de la ciencia ficción y el cine de terror. Y con todo, siguen siendo las suyas obras extraordinariamente personales, dueñas de una voz propia que las hace inconfundibles.


Más ejemplos de ésta unidad de los contrarios que harían sonrojar de envidia al nietzscheano más dialéctico: aún cuando toma elementos de otros medios , su estilo narrativo es puramente comiquero; aún cuando haga uso con frecuencia del absurdo y del más delirante surrealismo, en el fondo sigue siendo un autor realista, cercano incluso al costumbrismo; aún cuando su dibujo sea de apariencia infantil y sus personajes animales antropomórficos, sus historias son excepcionalmente maduras y sus personajes profundamente humanos; aún cuando su tono pueda parecer un poco frio y distante, sus resultados son siempre de gran emotividad; aún cuando… aún cuando podría continuar con la lista, mejor lo dejamos aquí.


Para apreciar esto que os cuento lo aconsejable sería que os leyerais todos sus tebeos, pero en fin, como me piden, bajo amenazas e insultos, que concrete en un solo título, me voy a quedar con En pocas palabras, una recopilación de tres historias prácticamente mudas, y sin embargo de gran elocuencia, que ejemplifican admirablemente la manera en la que Jason lleva a cabo el ejercicio de la dialéctica, la consideración de lo uno y su contrario y… bueno, y todo eso.


Por último cabe destacar que el tebeo se encuentra publicado por
Astiberri:


Jason - En Pocas Palabras (CRG)¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

martes, 1 de noviembre de 2011

Tebeos en La Casa del Mundo (II): Una vida errante, de Yoshihiro Tatsumi


No creo que escandalice a nadie, o por lo menos no lo suficiente, si afirmo que la industria del tebeo más desarrollada y consolidada del mundo, ya sea por la cantidad y la calidad de sus autores, o por la diversidad de géneros y propuestas que abarca, o incluso por la aceptación y el reconocimiento que cosecha, es, sin duda, la del manga, o lo que es lo mismo , la de la historieta japonesa. Quiero creer además que tampoco me miraréis con malos ojos si digo que los méritos de este mayor desarrollo se deben, en gran medida, a la obra genial del gigante del tebeo Osamu Tezuka, el llamado, con toda justicia, dios del manga. Quiero creerlo y estoy convencido de que así sería, pero como soy un cobarde voy a renunciar a comprobarlo y me vais a perdonar que me quede, para mi recomendación de esta semana, con Una vida errante, de Yoshihiro Tatsumi.



Publicada en nuestro país en dos volúmenes por la editorial Astiberri, Una vida errante narra las peripecias del joven Hiroshi, fanático del manga, y gran admirador de Tezuka –ya sabía yo que lo mencionaba por algo- que sueña con convertirse en un reputado autor de mangas. Pero no de cualquier tipo de mangas; Hiroshi aspira a crear historias de temática más madura que saquen definitivamente al manga de su encasillamiento infantil y lo eleven a la categoría de arte adulto.

El dios del manga, Tezuka, aconseja al jovén Hiroshi

Por supuesto estamos ante la biografía, poco o nada disimulada, del propio autor, un recorrido fascinante a través de los esfuerzos y desvelos del artista adolescente en pos de hacerse un hueco en el mundo editorial. De esta manera el tebeo se convierte en una exploración apasionada -y apasionante- del acto creativo, de la búsqueda de la propia voz, y con ello, de la propia identidad, o lo que viene a ser lo mismo, del acto creativo entendido como actitud ética ante la vida. Pero además de la crónica del histórico nacimiento del Gekiga, o manga de temática más madura, que tanta importancia tendría después en el desarrollo y consolidación de la historieta japonesa, y además del relato de la evolución personal y artística de su autor, Una vida errante es fundamentalmente el admirable fresco de toda una época, porque a través de su narrativa contenida y serena, siempre alejada de cualquier tipo de sentimentalismo facilón, Tatsumi acierta a levantar acta de unos años, los inmediatamente posteriores a la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, que marcarían de forma decisiva la culminación del proceso de occidentalización del país del sol naciente. Estamos por tanto ante un excelente tebeo que hará las delicias tanto de aquellos que deseen disfrutar de una buena narración como la de quienes gusten de aprender sobre la historia del noveno arte, o de la historia sin más. Un tebeo que en este caso podréis encontrar en la biblioteca Jesús Delgado Valondo, de Mérida. Vamos, a tiro de piedra.


Como muestra, y a falta de que Una vida errante aparezca por la red, os dejo un relato de Tatsumi, Good Bye, un magnífico ejemplo de lo que se entiende por Gekiga, y además el trailer del film de animación dedicado a la vida y obra del mangaka. Toda una sorpresa para mí, la del film, de la que no tenía ni idea y de la que me acabo de enterar mientras preparaba la entrada. No, si al final tiene uno hasta sus recompensas...



Good Bye, de Yoshihiro Tatsumi¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

lunes, 31 de octubre de 2011

Tebeos en La Casa del Mundo (I): The Spirit, de Will Eisner


Hace tiempo que le vengo dando vueltas a la idea de recopilar aquí mis recomendaciones para La Casa del Mundo, aunque no acabo de ver con claridad cuál es la mejor forma de hacerlo. Supongo que lo suyo sería recuperar los archivos sonoros que grabo para el programa, pero sinceramente no me apetece nada darle más relevancia a unas grabaciones que por sonido e interpretación más valdría dejar que se perdieran para siempre en el olvido. Sin embargo me sigue seduciendo la posibilidad de hacer aquí lo que nunca será posible hacer en la radio: mostraros las recomendaciones. Así que, con vuestro permiso, creo que voy a tirar por la calle de en medio y sí, recopilaré las recomendaciones, pero en lugar de los audios las acompañaré simplemente con los textos, que tampoco es que sean gran cosa, pero como modestas presentaciones pueden valer. Pues nada, vamos con la primera, The Spirit, de Will Eisner:

Desde luego se podrían decir muchas cosas a modo de introducción sobre esta serie, pero lo primero y lo más importante es dejar claro lo siguiente: si no conocéis el tebeo pero habéis visto la película que perpetró en 2008 Frank Miller, olvidaros de ella, mejor aún, quemadla si tenéis una copia, The Spirit no tiene nada que ver con eso. Lo juro.



El tebeo, iniciado en 1940 como una especie de cruce de caminos entre el superhéroe y la serie negra de inspiración pulp, es sin duda una de las series de mayor impacto y de mayor influencia en la historia del cómic. En las siete páginas de las que constan sus historias, casi siempre autoconclusivas, cabe todo: el mundo, la vida, la imaginación, el humor y el drama. No en vano por sus páginas desfilan una inabarcable galería de héroes enmascarados, de gánsters de medio pelo, de mujeres fatales que quitan el hipo, y la hasta vida si te descuidas, y de aventuras imposibles, pero sobre todo en ellas late un profundo amor por el hecho humano, ya sea en sus más pequeñas o ridículas manifestaciones, o en las gesta más grandilocuentes. En este aspecto Eisner siempre lo tuvo claro: lo que a él le interesaban eran las personas. Lo cual está muy bien, pero no agota, ni de lejos, las bondades del Spirit. Porque, si por algo destaca esta obra maestra del comic es por su inagotable catálogo de recursos narrativos, por su incansable búsqueda de soluciones técnicas para contar una historia , por el enorme vivero de ensayos y nuevas formas narrativas que es. Cuando nos referimos al Spirt de Eisner lo estamos haciendo a una obra que por innovación y creatividad bien podría ser comparada con las obras más inspiradas de un Orson Welles en el cine, o de un Cervantes en la literatura. Aunque tampoco me hagáis mucho caso; sé que exagero los méritos de Welles y sobre todo de Cervantes.


Para los interesados, cabe decir que pueden, o podían, o podrán, encontrar esta joya del noveno arte en nuestra maltrecha biblioteca municipal. Se trata de la más reciente y completa edición, la de Los archivos de Spirit, publicada por Norma editorial. Yo personalmente prefiero la edición anterior, también de Norma, en un glorioso blanco y negro, pero en fin, está tampoco desmerece en nada.

Como muestra os voy a dejar con Duelo mortal con Octopus, una de mis historias favoritas que se hace especialmente memorable por el magistral dominio del encuatre, la iluminación y sobre todo el ritmo secuencial del que hace gala Eisner, esa nube de humo que conduce la historia hacia la luz de la linterna que le releva; el arma y los guantes de Octopus en la oscuridad, la lucha con el propio Spirit...

Duelo mortal con Octopus¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

Como no me copies te pego

Reservado todos los derechos a los lectores, que podrán copiar, manipular, alterar y hasta leer todos los textos de este blog. Eso sí, se agradecería que mencionaran de dónde diablos han sacado el juguetito.