-Pinchar en la imagen para ver ampliada-Seguramente vosotros, mucho más atentos a los detalles de la historia, ya la conoceréis; yo hasta hoy no sabía ni de su existencia. Si no es así, si por lo que fuera os hermanáis conmigo en la ignorancia, o si simplemente sentís interés por conocer más detalles de la misma, podéis leer la historia completa y bien documentada aquí, que es donde la he descubierto yo. Sucintamente: el hombre se llamaba August Landmesser y fue un aleman condenado por el regimen nazi a trabajos forzosos por perpetrar el delito de "deshonra contra la raza", ¡dios cuanta ignominia!, al casarse y tener dos hijas con una mujer judía. El acto que se muestra en la imagen corresponde a la botadura de un velero, y al otro extremo se encontraba nada menos que el Führer.
La fotografía impresiona vivamente -más que impresionar habría que decir que pone los pelos como escarpias- como símbolo del coraje y la resistencia del individuo frente a la locura colectiva; de la valentía del hombre solo, capaz de conservar la cordura en medio de la tormenta; de mantenerse fiel a sus principios en pleno ojo del huracán. O sabiendo como se las gastaban esta gente, igual representa todo lo contrario: el fanatismo idealista del iluminado en medio de la sensatez pragmática de la multitud . Da igual, interpretadla como queráis, pero la leamos como la leamos, no podréis negarle nunca la terrible fuerza alegórica que alienta en su interior.
La fotografía impresiona vivamente -más que impresionar habría que decir que pone los pelos como escarpias- como símbolo del coraje y la resistencia del individuo frente a la locura colectiva; de la valentía del hombre solo, capaz de conservar la cordura en medio de la tormenta; de mantenerse fiel a sus principios en pleno ojo del huracán. O sabiendo como se las gastaban esta gente, igual representa todo lo contrario: el fanatismo idealista del iluminado en medio de la sensatez pragmática de la multitud . Da igual, interpretadla como queráis, pero la leamos como la leamos, no podréis negarle nunca la terrible fuerza alegórica que alienta en su interior.


