Supongo que con esta entrada me ganaré por los restos la etiqueta de machista recalcitrante, o de misógino relamido, o de maltratador inmisericorde, o tal vez de homófobo secular, o ya puestos, qué más da, de facha reaccionario, o de algo peor o de todo a la vez, que seguro que eso y mucho más me merezco, porque yo, heterosexual confeso, voy a hacer pública y desvergonzada ostentación, cual vulgar católico cabreado, de mi preferencia, de mi atracción y hasta de mi deseo carnal por una mujer hermosa. Qué digo hermosa, la tía está como para andar encamados de aquí a que se hiele el infierno. O hasta que salga reelegido ZP, lo que suceda más tarde. Pues sí, hembristas rencorosas y meapilas obsesos de lo políticamente correcto, para cualquier hombre heterosexual, sano y vigoroso, como yo, una mujer siempre tendrá, entre otras muchas consideraciones, el caracter de objeto sexual, entendiendo objeto como mera metáfora, como en "Ese oscuro objeto del deseo". Y eso no es machismo, es naturaleza y sinceridad.Machismo, o peor aun, sexismo, que es el verdadero problema y que además existe en las dos direcciones, es tomar en cuenta el sexo de un sujeto en ámbitos de la vida dónde tal consideración no tiene ninguna relevancia verdadera. Y ya me diréis a mí si en cuestiones de fornicio y calentamiento global el sexo de los sujetos no es fundamental. Sexismo, y de la peor calaña, es querer meternos con vaselina y hasta la nausea el género en todo lo demás: las experiencias de una mujer que escribe (¿y por qué no simplemente las de una escritora, o es que lo singular no es que escriba sino que sea mujer?), la relación entre mujer y agua (¿alguien puede imaginarse a un ministro, de lo que sea, preocupado sólo por los problemas de sus congéneres; que escriba artículos como El género másculino: obligados a morir por la patria, o El género másculino: condenados de por vida a la explotación laboral?) o mujer y transtornos alimenticios (¿es que ningún hombre los sufre, es que nosotros no recibimos presiones sociales con respecto a nuestra apariencia física, es que si nos pinchan no sangramos también?) o asuntos semejentes. La consecuencia es que este sexismo con buena conciencia, este hembrismo camuflado de igualitarismo que cree que sólo existe discriminación si la victima es una mujer, está cristalizando y lo estamos padeciendo en leyes de autor que no tipifican conductas delictivas determinadas, sino que pretenden criminalizar el sexo -siempre másculino, faltaría más- de quien las realiza. Y a esto le llaman igualdad...
Nada, nada, que la Amanda está de toma pan y moja. Como no permiten insertar el video en otros lugares, os dejo el enlace al tubo. Merece la pena.
¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...