domingo, 5 de diciembre de 2010

Julia Fischer

Con el pelo recogido en una trenza, amarillo como el sol del mediodía, ceñido el cuerpo de lirio en un vestido rigurosamente negro, sin adornos, abrumadoramente sencillo, a juego con unos zapatos de tacón medio alto, con ribetes plateados, apenas visibles por la altura en que caía la falda, unos milímetros por encima de los tobillos, que se insinuaban al vaivén de cada movimiento de cadera, en tanto el brazo derecho azotaba luces y sombras al tiempo que flexionaba con el izquierdo la medida del tiempo y del espacio, cimbreándose en la expresión de su rostro que cambiaba de aterciopelada ternura a severidad inquebrantable, inclinado el cuello para escucharse mejor en sus pensamientos, de emociones floridos y de sentimientos encontrados, oropéndola y colibrí, meciéndose ora aquí ora más allá ora aquí de nuevo, en un fluir que no habría necesitado hacerse danza por ser pura nostalgia de la inmediatez, y los labios entreabiertos y los labios entreabiertos y los labios entreabiertos, también sabía guardar quietud en una pose natural de prestancia, con los ojos escarchados, porque en el reposo era el Norte y sus hielos, aguardando el fin de la réplica como sibila que anticipa el inevitable acontecer, y otra vez el Sur y el aire palpitante de vida, que hasta los muertos habrían pedido audiencia sin esperar la hora del Juicio, y la espalda bamboleándose, hacia atrás y más atrás aún, en una contorsión imposible pero incuestionable, que el reflujo de la marea al anuncio de su escote entre recatado y generoso recomponía, así, abrazada a su Guarneri del Gesù o tal vez a su Guadagnini –qué más da, como si fuera un Gagliano o un Stradivarius-, Julia Fischer tocó este viernes por la noche, en el Teatro Principal de Alicante, las tres sonatas para violín y piano de Robert Schumann; y como en una combinatoria de premoniciones memorables, tocó, primero, la tercera, segundo, la primera y, después del descanso, se anunciaba que, tercero, la segunda; y que en terminando el tiempo habitual del receso, recuperados los unos de haber sido mujeres místicas en el multiorgasmo espiritual y las otras, acaso sin misticismos de varón porque nunca los hubiera, de saltarse los preliminares, algo extraño sucedía que la artista no regresaba, y unos pocos, primero, y otras pocas, después, se barruntaban que acaso todo aquello había sido demasiado, que el precio de alcanzar el paroxismo había dejado insolvente a la musa, que la Naturaleza se habría vengado de ella por celos y el Destino por envidia, como si en adelante la ropa tendida jamás se fuera a secar; pero no, qué va, para nada; que se anunció por megafonía si había algún pianista en la sala, y que comprendí de sopetón que su acompañante habría sufrido un arrebato, una apoplejía, una epilepsia, o que le habría dado un telele por no poder tocar sino el piano; pero no, ni mucho menos, que tampoco, que el artista parecía haber aprendido, por lo visto, a vivir bajo el volcán o en los rigores del tsunami con el temple y la serenidad con la que los eunucos se enfrentan a la voluptuosidad o Job a los divinos designios, que muy otro era el contratiempo, pues el chaval que pasaba las páginas de la partitura del pianista se puso malo, sin duda por no haber aprendido a vivir bajo el volcán o en los rigores del tsunami, sin duda por haber sufrido una apoplejía o un arrebato o una epilepsia, sin duda por haberle dado un telele, sin duda por no poder tocar sino las páginas de una partitura; y que después de ciertos murmullos crecientes un héroe se alzó entre los concurrentes y se dirigió hacia los camerinos circunspecto, con los puños apretados, con el paso un pelo tambaleante, un pelo decidido, como Odiseo hacia las sirenas, el rostro brillante de sudor y torva la mirada; y que al cabo de nada apareció la musa, el pianista y el héroe, que fue recibido con una ovación cerrada, ¿pues cuántos no habían mordido el polvo, cuántos superado la prueba?, alentada por los golpecitos del arco sobre el violín de la musa, que hasta en el aplauso se mostraba embriagadora, y que después de los prolegómenos habituales, carraspeos y silencio expectante, ocurrió; y la sonata número 2, en re menor, emergió con unos rotundos ataques del arco sobre la cuerda que provocaron el delirio y los ojos arrasados en lágrimas, y, a cada paso de página, el héroe se levantaba vacilante en brete de desplome; y fue el caso que volvió a ocurrir lo inaudito, lo que ni un Heifetz, ni un Szeryng, ni un Perlman, ni un Menuhin, ni un Oistrakh, ni, en fin, los más grandes violinistas de todos los tiempos, juntos, habrían conseguido; que nos olvidáramos del héroe y de su ocasión; y, en ésas, apartándose el pelo que descubría una bella perla por pendiente, comenzó el segundo movimiento o tal vez el tercero, o el cuarto, no sé, pues de lo acontecido nadie puede ya dar testimonio; tan sólo, en la memoria, queda un silencio macizo que, prodigiosamente, se rompió por el eco de un bravo solemne; y fue entonces que la tierra tembló; como por primera vez.
















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sábado, 4 de diciembre de 2010

10 actrices: Katharine Hepburn

Reconozco que siempre he sido más de Audrey que de Katharine, efecto inoportuno, supongo, de alguno de esos inconvenientes menores que acarrea el ser un espectador modosito. Lo que no me ha impedido enamorarme en más de una ocasión de mi fiel Amanda, también conocida como pocholina, o de Tracy Samantha Lord, esa diosa de alabastro a la que humanizaba el ex-alcohólico anónimo de Grant, para desespero de Jimmy Stewart, o de aquella Terry Randall que se las tenía bien tiesas con la Rogers en Damas del teatro (pedazo película) o de la Susan, ese nervio con patas que traía de cabeza a medio mundo en La fiera de mi niña o, para qué mentir, de la Hepburn sin más. Sí señor, una mujer de los pies a la cabeza, de las que ya no se fabrican en Hollywood, con tanta barbie neumática, que sí, que mucho tetamen y culamen, pero de personalidad na de na.



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jueves, 2 de diciembre de 2010

¡CIUDADANOS LETRINOS!

Poned remedio a este escarnio público del cual soy servidor y leal adalid, en vuestras manos dejo el cadaver maloliente de nuestro venerado amigo que yace entre mis brazos cubierto por entero de lodo infecto. Dolorosamente de mis manos brotó la certera puñalada que ha sido nuestra bandera hasta estas amargas horas, y ahora... esa daga mortífera, una cruel venganza contra su mentor declara, con el cuerpo manchado del hombre que como rabiosos perros devastamos cubriéndolo de gloriosa mierda.

¡Ciudadanos letrinos! Hemos arrojado impertérritamente a un hombre a los leones para saciar nuestros apetitos intestinales... ¿Quién será el primero de vosotros que alce su voz para limpiar su noble nombre y su honorable cuna? ¿Quién será de vosotros el que grite la blanca inocencia de este mártir de la blanda deposición?...¿Quién, ciudadanos, será el primero que implore el mayor de los perdones para el mayor de los crímenes: "DETRITUS HOMINE"? ¡Digo que es hora de que lavemos nuestras culpas con la sangre emponzoñada de nuestro vil magnicidio! ¡Digo que es hora de levantar nuestros ajados corazones y elevar con justicia un estruendoso himno por este hombre consumado en la pérfida deyección! ¡Digo que es hora de que nuestras taimadas almas se purgen en el festín orgiástico de la excreción!

¡Ciudadanos letrinos! Sabed que este magnánimo ciudadano habría dado hasta la última gota de su seso por salvaguardar la verdad de cualquiera de nosotros. Sabed que este cuerpo herrumbroso fue un día la admiración de todos, todos acudimos a sus enaguas en las frías tardes de otoño, todos vivimos porque de él nació la inaudita valentía de llevar a sus espaldas toneladas ingentes de mierda en beneficio de la salvación de todos. ¡He aquí a un hombre que ha perecido masacrado por la impunidad de nuestras aviesas conciencias! ¡He aquí a la maquiavélica sombra que nos acompañará torturando nuestros aciagos días venideros! ¡He ahí al hombre sepultado en las sagradas montañas de excrementos macerados por la ignominia! ¡Salve Cayo Julio JL Emperador de Sodoma!



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El pacifismo es un humorismo (según la secta ovetense)

Bueno, en palabras suya, pero ideadas, cómo no, por su profeta, G.B. Como os voy a poner los videos (dos, para irritación de Paco) en los que se explican muy bien cuáles son los presupuestos y las conclusiones de esta peña con respecto a la guerra y a la paz, tampoco tiene sentido que me explaye yo demasiado en ello. Apenas me molestaré en listar el decálogo de puntos que me parecen esenciales para entender la cuestión y ya de paso en manifestar -es lo que estoy haciendo ahora mismo- mi desagrado por sus tesis y mi incapacidad para encontrarles fisuras significativas a partir de las cuales tratar de refutarlas.

El pacifismo es un humorismo:

1.- El Estado es el protagonista principal de la Historia

2.- Los Estados se hallan en una constante busqueda de equilibrio, ya sea interno (recursos materiales, espacio, organización, etc) ya sea en relación con los demás Estados (desequilibrios de fuerzas, espacio, recursos materiales), que les asegure su supervivencia en el tiempo en tanto que Estados.

3.- La guerra es una categoría política, en concreto un instrumento en manos de los Estados para la busqueda y consecución de ese equilibrio.

4.- En rigor sólo existe guerra cuando al menos una de las partes intervinientes es un Estado

5.- La guerra es el motor de la Historia

6.- La guerra no es fruto de la barbarie, sino que es hija y al mismo tiempo madre de la civilización.

7.- La guerra jamás podrá desaparecer más que temporalmente

8.- Sólo es posible la paz como resultado del nuevo equilibrio establecido por una guerra y en tanto en cuanto se mantenga ese equilibrio

9.- La paz no puede ser perpetua, pues la propia dinámica, tanto interna como externa, de los Estado tiende a romper ese equilibrio necesario para su supervivencia.

10.- La paz es siempre la paz (o el orden) de los vencedores. Pedir la paz en abstracto (¿cómo hicimos nosotros en Lisboa?) no tiene ningún sentido.

Estaría bien que los pacifistas del lugar, que sé que haberlos haylos, se animaran a buscarles las vueltas, más que a mi decálogo o a lo que yo creo entender que son las tesis buenistas, cosa que seguramente sea muy fácil de hacer, al ideario mismo de Gi-Bi con respecto a la cuestión planteada, ese que se trasluce en los videos.

Voy con ellos:



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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Historietas y moralidad

Mi memoria equivoca los años en los que sucedieron los hechos, era yo muy joven, tal vez 20 años, pero no estoy seguro de ello, eran esos años en los que Adolfo, Jesús y Joaquín estaban estudiando fuera y quedábamos pocos jugadores activos en el Club, o sea, estaban pero no jugaban... Así que convencí a Cruz de que volviese a jugar con nosotros; seguía Juan Carlos Lozano y también teníamos de relleno a algún jugador bueno, como Ricardo Suárez-Bárcenas, alguno de los malos también había (Eugenio Carreras), pero principalmente los que jugábamos siempre éramos Germán y yo. Juan Carlos estaba prácticamente obligado porque era el que llevaba el vehículo. La competición era de 10 equipos a doble vuelta, en total 18 partidas, se solía empezar en Octubre o Noviembre y acabábamos en Abril, pues se paraba la competición en Navidades, carnavales y alguna fiesta más.

Me lleva a escribir este relato el hecho de que con un equipo tan flojo acabásemos la 1ª vuelta en 2ª posición empatado con el 3º. La verdad es que tuvimos mucha fortuna en algunas partidas, y en otras sencillamente jugamos bien, aunque el mérito de Germán en el 1er tablero es incuestionable, sobre todo si tenemos en cuenta que nuestro entrenamiento (si se le puede llamar así) se basaba en jugar partidas rápidas de 5 minutos, hasta ver quien obtenía 10 victorias. Todo tiene sus ventajas e inconvenientes, una de ellas es que memorizábamos varias defensas que después se nos daban en las partidas, otra es la frescura en los apuros de tiempo; el defecto: la superficialidad de los análisis en las partidas.

Todavía me emociona recordar algunas victorias sobre equipos como el Círculo Pacense, Zafra, Cáceres y empates con equipazos como el Liceo de Mérida y el San Francisco, en el que contamos con el apoyo de Bárcenas, que venció en una partida larguísima a Juan Chacón, uno de los jóvenes talentos de Badajoz y que obtuvo ventaja en la apertura pero no consiguió rematar. Germán tuvo enfrente a Jesús Beltrán, uno de los mejores jugadores extremeños en esos años, sino el mejor, y la verdad que se metió en un fregado impresionante del que salió trasquilado. Juan Carlos (o tal vez fuera Cruz) me parece que hizo tablas con Aparicio, en cualquier caso fue un magnífico resultado. Y yo empaté con José Mª Beltrán, que aunque era peor que su hermano Jesús, si tenía un buen día te podía liar de muy malas maneras y obtener la victoria. Ese empate (Adolfo estaba aquel día de espectador) nos emocionó muchísimo y sobrestimamos nuestro juego, ya que en la 2ª vuelta completamente relajados perdimos todos los encuentros y descendimos de categoría.

Aunque he de decir que la última partida no la pude jugar (estaba de viaje) y el equipo de Don Benito (había dos de esa localidad y eran enemigos a muerte) después de vencernos 4-0 nos ofreció cambiar el resultado a un empate para que el otro equipo local descendiese. Bueno, creo que hubo ciertas discrepancias, algunos de los jóvenes, como el JL, alucinaban con que no aceptásemos esa oferta, otros decían que los resultados que se obtenían en el tablero no se cambiaban y que la culpa del descenso era sólo nuestra. Creo que se obró de la forma adecuada, bajamos pero no se nos podrá echar nunca en cara que manipulamos un resultado. Hoy en día a mí me avergüenzan los tejemanejes que se hacen en el ajedrez por equipos. No me gusta la actitud ni de unos ni de otros, tienen todos las manos manchadas de mierda, y desacredita al ajedrez como deporte el pactar empates cuando apenas se ha jugado unas pocas jugadas. Ocurre que se miran más otro tipo de beneficios económicos y deportivos que no los de la imagen de la deportividad y la ética. Menudo ejemplo se les da a los chicos de hoy en día. Ver para creer.
¿Aún no te has aburrido lo suficiente?...

Como no me copies te pego

Reservado todos los derechos a los lectores, que podrán copiar, manipular, alterar y hasta leer todos los textos de este blog. Eso sí, se agradecería que mencionaran de dónde diablos han sacado el juguetito.